viernes, 22 de septiembre de 2017

Ahí nos quedamos



Ahí nos quedamos
(Epistolario resentido)

Emiliano Trujillo Sánchez












































¡EUREKA!!!!!

Nadie lo sabe con exactitud/ es decir/ se sabe que los testículos tienen la función de segregar el semen/ están ahí para eso/ pero el semen/ la vida que contiene… tampoco hay que pensarlo como si fuésemos únicamente los seres humanos quienes nos reproducimos/ no hay que pensarlo porque se puede pero se estaría pensando en algo absurdo/ todo el mundo que conocemos se reproduce/ las semillas/ todas/ tienen una ranura visible/ son hembras y saben de qué planta son semillas/ pero algún estímulo tienen que recibir de la tierra/ algo hay esperando penetrarlas al ser sembradas/ la vida es el gobierno irrevocable/ todo lo vivo se reproduce/ pero la explicación…/ es por ello que como seres humanos conocemos la necesidad del culto a lo supremo tal y como cada quien lo concibe/ no hay explicación para la vida/ ahí está…pero el asunto de los testículos segregando el semen…/ hace pensar en las mujeres como semillas/ no como la tierra en que se siembra una semilla sino como “la siguiente semilla”/ pues la primera semilla es el hombre en el que una causa inexplicable siembra millones de posibilidades al momento en que le invade una idea de placer/ entonces por ahí vienen los tiros/ el hombre es la semilla de la que nace un fruto multitudinario pues al momento de la erección producida por la idea del placer/ los testículos empiezan a segregar el fluído en que un gentío tiene/ debe tener plena conciencia de que existe pues luchan por alcanzar el siguiente nivel/ entonces el poder al que el ser humano le rinde culto es el placer de la relación sexual/ poder con el que hace contacto al pensarlo, segregarlo y expulsarlo/ es vida el momento de la eyaculación/ la pregunta sería si la vida que viaja de los testículos al óvulo por el que lucha ese gentío/ la pregunta sería si ese gentío lucha sintiendo el mismo placer del hombre que l@s eyacula…¿ será la lucha por alcanzar el óvulo una persecución del orgasmo en el que alguien se queda dormid@ y es por eso mismo que al despertar no sabe quien ni qué es y empieza a verse, a contemplar su existencia? Porque es eso lo único que hará durante de la vida que se le pasará buscando placer y huyendo de la muerte hasta que ya no pueda hacerlo. Las erecciones eyectan semen y textos de Sabado por la noche en una fiesta llena de bellas mujeres donde hay alguien que se quiere ir pal coño…anda con una idea ruín.
15/ 03/2014
Sábado en la noche leyendo Los pies de barro de Salvador Garmendia, me metí demasiado en la escena de la fiesta…








LA RUMBA, LA RUMA

Bueno, en primer lugar, agradecido por este buen momento de la vida que estoy casi seguro es de los pocos que me quedan porque el tiempo que le he dedicado al aprendizaje de las artes que derriban el trabuco propio, estos cuantos años me los he pasado también a fuerza de mucho café y cigarro, mucha fuerza, mucho cáncer, mucha sensación extraña en el hígado y una cagadera boleta…pero agradecido por estos buenos momentos de libre expresión, previos a la guerra, en medio de la cual, si podemos, nos desplazaremos en forma de arte desarrollándose como célula cancerígena para el trabuco que no prevalecerá, morirá por la metástasis que seremos, agradecío por la convivencia…, bueno, en otro lugar y otro tiempo, la historia del tag que me solicitaron con su respectiva historia…como en otros tiempo y espacios lo he dicho, yo salí de un manicomio, nací y crecí en un pueblo del que me sacaron amarrado, no era mi pueblo, sigue sin ser mi pueblo este pueblo en que mi pueblo, mi cuadra y mi casa soy única y exclusivamente yo y como le ocurre a cualquier territorio libre, soy un territorio que a si mismo se respeta, quien no me respeta, conmigo no ha de querer nada porque absolutamente nada les sale a quienes recuerdan la casa, la rumba y a quien estuvo a cargo y por ello pensó que algo ahí era suyo/ no les sale a nada a quienes recuerdan a quien se engañó a si mismo con la patraña de jamás haber salido de ningún manicomio, de siempre haber estado ahí donde era él diciendo SOY ES YO, pregúntame…, no le sale nada a quienes preguntaron lo que nunca les interesó saber, yo salí de un manicomio, me teletransporté a una rumba donde era yo el conejo, pero nadie me lo podía decir, la meta de todo el que busca respeto social…HIPOCRESÍA…2009…por alguna razón fui a parar ahí/ a inhalarme la malsana euforia que produce un gentío diciendo tu nombre sin que algo más de ti les importe, todo está ahí, pero mosca, que a nadie se le ocurra decirle que no es él, se perdería la gracia de ver como lo descubre por si solo sin poder ocultar la cara de espanto ante si mismo, ante el espejo en que no se vea e iracundo por la oscuridad empiece a gritar vainas para hacerse oir, para no lograrlo y seguir con su berrinche y la incesante transcripción de este, sin que por ningún pliegue de esos papeles diga: “YO SALÍ DE UN MANICOMIO, SOY NUEVO AQUÍ, QUISIERA ESTAR LOCO SIN JODER A NADIE Y SIN QUE NADIE ME ANDE JODIENDO A MI, ESTOY BUSCANDO TRABAJO…” solo ese párrafo faltó en la ruma que fue creciendo sin cumplir otra función que la de pesar como una cruz
de negaciones con nombres propios, ahora mismo irrelevantes, no había en esa ruma nadie peor que yo. Única y exclusivamente cuando logré decir eso, me volví el anfitrión en la casa en que recibí a un desquiciado que abandonó algunos y se ha estado exacerbando con otros venenos, sin que hasta aquí y ahora/ Gloria a Dios/ eso haya representado un mal que, si, ¿por qué…cómo no? Se sigue proyectando a futuro desde el pasado que ahora mismo es la palabra anterior, la habladuría desbordada cuyas identidades emisoras son irrelevantes, como se ha dicho anteriormente. Relevante ahora mismo resulta, que así como se le dio alojamiento al fantasma y su ruma de papeles mal hablados, debidamente prendidos en candela, se asuma, por su relevancia, la ceniza a la que puede regresar hasta el más resistente material con que se edifica un emblema de ave fénix regocijado en el achicharre de quienes siguieron en la nota y ahora le ven pasar sin poder disimular el exacto sentimiento y la equivocada dirección del objetivo, salir a ver la envidia es como andar en carro y reírse de la cara iracunda de quien se quedó ciego porque le subieron las luces, he estado caminándola en busca de lamentos automotrices (loco, loco, loco, loco, loco…) …mil disculpas, busquen ayuda… y para concluir luna, me pediste la historia del dibujo y te la cuento en este tiempo que me dijiste que no debía ser excedido, no lo será…, bastará el tiempo restante que a cualquiera en este momento podría parecerle la eternidad que no podrá alcanzar en una sola vida repleta de rutas oscuras en las que solo se haya respirado la dificultad, el trabuco mal hablado que no escuchó quien solo vió los labios moverse y una cara de susto altamente alumbrada. En el tiempo que me voy restando se alojan esas rutas y los buenos tiempos a los que me condujo la decisión de mostrarlas y mostrarme caminándolas y alcanzando los buenos tiempos, las historias de amor, sin las cuales no puede haber vida…esta es sencillamente la historia de alguien que dejó de consumir crack y creyó haber alcanzado el final de la película que estaba empezando siendo aquel fin que no llegaba, aquel premio que no se terminaba de recibir por más que se caminaba día y noche para que el tiempo pasara más rápido en la espera…por no haber agradecido aquel momento de claridad, de cambio, por haberse obsesionado con derrotar enemigos que tenían el mismísimo problema de quien no pudo con el ego que en su propio pecho detonó una bomba que le mató el alma y desalmado y sin consumir piedra se puso a inventar bombas que pudiese detonar en todas las caras que veía en el espejo al que luego había que limpiarle los gargajos. Nada más por haber sido piedrero tengo suerte de estar vivo, ahora, años después, tengo que agradecerle a Dios el estar vivo después de tanto lío…sano… agradecido porque teniéndola, sin consumir ninguna droga, casi termino en el retén, el manicomio o el cementerio, después de tanto tenerla, perdí la obsesión por la fama que consideraba tan absolutamente necesaria para vencer a quienes todavía me quieren ver jodido, quienes todavía piensan obsesiva y compulsivamente en poder enviarme a cualquiera de esos tres destinos, que por supuesto que lo pueden hacer, el que menos te imaginas te deja loco…, tendrán que esperar a que pierda la gratitud por el momento que mi memoria mantendrá presente mientras trabaje, mientras descanse, mientras me enamore, me desilusione, mientras coma, mientras cague, mientras duerma, mientras viva, este beta está PRESENTE…lo único que se revolcará siempre en el pasado es la guerra conmigo mismo…SO SE FINÍ.











POEMA PARA EL CRACK
Pensé que si te olvidaba
Seguro volveríamos a vernos
Pero no pude olvidarte
Y más nunca te vi
Gloria a Dios























¡PATRÓN!

El más despreciable, el más explotador de todos los patrones tiene un nombre femenino, es LA ÉPOCA, no le trabajo a la época en que me toca estar vivo, en carne y hueso, con hambre y sueño, con miedo, con frío y calor, con vicios. Le trabajo a alguien que a su época no debe rendirle cuentas, alguien que me pagará por mi trabajo entendiendo la fé que le tengo, tengo fé en que mi sonido e imágenes activarán la fé de alguien más en su sonido e imágenes, no adelantados, desempleados, puestos a echarle bolas por un salario mínimo de su época, esa que no pagará por un arte que la refleje.
28/12/2014



































EL ÚLTIMO ALIENTO

El último aliento es una inhalación aterrada frente a la conciencia de estar cayendo al vacío, de estarse hundiendo en el agua en cuya superficie se queda flotando el ronquido, un pedacito de voz que se inhala junto al oxígeno que el terror a la muerte hace que busquemos; el último aliento se inhala, luego el cuerpo sin vida lo exhala siendo ésta la última vez que le resulte posible hacerlo.
Al contrario de la exhalación, la última inhalación puede repetirse varias veces, antes de que el cuerpo se descargue y descanse de la tormentosa conciencia de estar viendo, sintiendo venir la muerte, depende la duración de la caída o de cuanto tarden los músculos en quedar inmóviles por el cansancio que producen las brazadas de ahogado, hundido hasta que su último aliento busque la superficie encapsulado en si mismo, porque las burbujas no son cristales, son espacios que el aire ocupa bajo el agua, la forma de domo que generalmente se prolonga al alcanzar la superficie, por ello la espuma o las burbujas que señalan el lugar en que alguien o algo se acaba de hundir, esa forma de domo siempre va a explotar, el aire siempre volverá a la atmósfera en que se le requiere para empezar a vivir o terminar de morir  dejándolo todo, hasta el cuerpo descansado, a la vista de quienes aún viven y reflexionan acerca de ese último aliento cuya inhalación pudo haberse repetido muchas veces por la esperanza, el encarnado deseo de un punto de apoyo, una mano, algo de que sujetarse, a lo cual quedar aferrado y con todas las fuerzas que se puedan reunir, recuperar el aliento sin soltarse, pensando en cómo se ha podido acabar en tal situación de la que un punto de apoyo a ofrecido la esperanza de poder escapar y el aliento es recuperado junto a la fuerza con la que alguien mueve algo, rema, glopea, trepa, sigue corriendo, caminando…, a un inmenso amor me aferré para escapar de aquella piedra que ahí se fue derritiendo sin llegar a ser el humo blanco que una vez más me detuviese la respiración…ni una más…hoy tampoco.
Gloria a Dios












LAS MUELAS DEL LOCO

También podría ser que la señora se arreche por escuchar al señor hablando acerca de alguien/ si no por encima/ a su mismo level de capacidad para envolver con una labia que para alguien más resulta una mentira del diablo/ la descarga de alguien obsesionado con una guerra de altas proporciones de alcance/ la de cada ser humano en contra de si mismo y su libertad de caminarla sin que alguien dispare su tiro e peo/ su armamento activado por el gatillo del que tira el diablo/ el vacío/ en forma e ruta pa los perseguidos/ la memoria que marcó su presencia a toda hora/ una por hora/ una por horario/ una por cada encuadre de una rutina que se respetó a si misma en medio del chaborreo que le lanzó pal techo/ caminándola en manifiesto siguen: las muelas del loco/ por you tube/ líricas nulas/ sin rima/ boletamente mal grabadas/ claramente estilizadas/ para que todo envidioso se ahoge en un charco e baba/ pal que sepa bien su vaina/ para el que no sepa es nada/ pal que dice ser punketo porque se vacila Ska-p/ sin conocer a Evaristo/ sin visión de reciclaje/ pa los cantantes del metro/ las divas del populacho/ para las mentes dementes/ para los que son muchachos/para los que no ven esto porque les parece un chiste/ para los que se te arrechan si les dices que lo viste/ …, el vacío jala/ es la necesidad de siempre consumir algo hasta que se acaba/ y un movimiento instintivo jala la barbilla hacia donde pueda haber más/ hacia donde pueda verse dónde hay más/ visualizando el color y el movimiento de una idea que se proyecta en formato ultrasónico y avanza marcando y marcando y fundiendo el trabuco de las paredes que cuentan historias/ marcando la historia en su pared para que ésta funda su tiempo y espacio hacia el vacío en que otra historia se manifieste/ enmarcada… yo no trabajo con rima/ pero me place un freestyle/ no veo mi letra en la cima/ pero a escribir voy por áhí/ y me elevan las palabras que me usan pa sonar/que a duras pelas someten la maña de no escuchar/ de caminar una letra que no parece acabar/ de hablar sobre lo que escribo/ cual si te fuese a importar/ ¿y si yo no me entendiera y escribiese para ti? ¿si tu entendieras loqueras y yo dijese que si? Si estuviésemos tan locos…yo no lo diría por mi.











TE DA MUCHA ARRECHERA ¿VERDAD?

Muchos eran los buenos y los malos desde mi propia cara y verbo, era un idólatra de santos y de hombres, era mi deseo que no pensaran mal de mi y que quien lo hiciere se encontrase con alguien que le cantara una lírica igualita a la que yo me robaba, porque no era mía, era de quien yo quisiera ser:
“- El tipo no se metió más droga…te da mucha arrechera ¿verdad?”
Es grato recuperar el tiempo perdido en unas líneas que no desaparecerán en ningún espejo.





































RECUERDOS

Frente a la hoja siempre me quedo en blanco/ he de haber caminado tanto esa idea sonáa/ el cuento que tiene un protagonista que va caminando, urgido del bolígrafo y la libreta en que le urge liberar el sonido, la idea que le lleva electrizado, una idea de si mismo caminado electrizado en busca del bolígrafo y la libreta que de haber tenido allá donde se encontraba, allá mismo se hubiese puesto a transcribir puesto que se trata de un dictado, un sonido que sintonizó y es delicioso el estridente volumen en que suenan las palabras que por el volumen, no le cabe la menor duda de estar en el deber, en la necesidad de transcribir una nota y todas las demás, la completa partitura del sonido cotidiano, la inequívoca participación de cada instrumento en auto ejecución…cada cosa sonando en la conciencia de quien sabe lo que es y quien no lo sabe y duda o pregunta sin dudarlo… y habrá quien escriba su definición de 1 SISTEMA ALTERADO, vivo, por cuyo torrente automotriz o peatonal se desplazan velozmente quienes han sido bombeados por el pálpito de una idea, una nota más de la infinita partitura en que se lee el sonido de un sistema alterado que frente a la hoja siempre se queda en blanco…jadeante.
09 de Abril 2015


























EL INFIERNO

Estoy convencido de que el infierno es haber muerto rodeado de males que uno mismo se procuró. Quien muere negando las cosas que nunca se le pudieron comprobar, vivirá, después de la muerte, la vida de todos aquellos y aquellas que lleven su vida mintiendo hasta el final.
Quien muere a causa de un vicio, inyectándose heroína, fumando piedra, gueliendo, bebiendo, haciéndose y haciendo daño a otros vivirá, después de su mala muerte, la mala vida de quienes tampoco hayan podido detenerse.
Quien muere deseando que alguien que se levantó vuelva a caer, vivirá, después de la muerte, la mala vida de quienes como él o ella sufrirán hasta la muerte porque festejaron un daño que luego se deshizo, la mala vida de quienes como él o ella sufrirán y por ese sufrimiento harán daño hasta la muerte, para sobarse el inagotable dolor que les produce 1 MALA OBRA ECHÁA PATRÁS.
Gloria a Dios


















          AHÍ NOS QUEDAMOS

Recuerdo muchas de las esperas por las que he pasado. Recuerdo los años que pasé, cada ocho, nueve, diez, nunca menos de siete meses, cada cierto lote de meses entrando y saliendo de aquel sanatorio. Cada temporada de encierro, una nueva espera. Recuerdo mi espera por el día en que supiese que nunca más me faltaría la droga, mucho menos un Viernes por la noche…,. Terminó la espera por salir del manicomio y nunca más volver. Continuó la espera por el día en que no faltase la droga y no hubiese que andar chiguiriando por ahí de noche, viendo pasar caras automotrices y recuerdos de caras que en su punto tenían su cara y su tertulia…,. Y llegó el día en que se acabó definitivamente la ingesta de cualquier mierda que alterase la conciencia, llegó el día en que la droga no volvió a faltar porque AQUÍ NO CUADRA, FUERA!..., . Y he pasado por la espera de la culminación de una faena, por el cobro de ésta…ésta última, la espera por culminar la faena y agarrar mis lucas y la culminación de la obra montada con esas lucas, ésta última espera se ha vuelto perpetua, con razón hay gente que se cansa y no trabaja más, con razón hay gente que se cansa de esa gente que no trabaja…pero de mi no se han cansado quienes han esperado las obras que les dije esperaba terminar pronto…ya ha terminado la espera por varias culminaciones. Ahora mismo espero por el final de otra faena y al igual que en todas mis anteriores esperas, me desespero, me frustro, le pido dinero a mamá para comprar cigarrillos, es Viernes por la tarde, ya viene la noche y sigo siendo adicto, fumo, tomo café y me fajo con otro libro, espero. Se que recordaré ésta espera como una más en la que constantemente pensé que moriría esperando.
No es paranoia, en alguna cola, en algún autobús, en alguna otra estación… ahí nos quedamos.
Gloria a Dios
10 de abril de 2015

domingo, 25 de junio de 2017

LA VIOLÓ, LA MATÓ Y LA QUEMÓ



LA VIOLÓ, LA MATÓ Y LA QUEMÓ 

(Crónicas sádicas)

Emiliano Trujillo Sánchez

"La Guajira"..., San Antonio de los altos, Municipio Los Salias, Estado Miranda, República Bolivariana de Venezuela..., 24 de Octubre, 2009








Mi amiga y el monte

“Alguien dijo algo
Algo es casi nada
Nada es lo que queda
Después de la descarga”
La misma gente


"Entonces los diablos, dejados afuera, echaron a correr, riendo y brincando, pasados de demonios a bufones, y se perdieron entre las ruinas de la ciudad"
Alejo Carpentier
Los pasos perdidos



27 de junio de 2017/ El Martes que vino.
          Todos estos años en abstinencia de drogas ilegales y alcohol…, todo estos años me los he pasado, una que otra vez, soñando que sostengo en mis manos un tabaco y fumo y al hacerlo, inmediatamente caigo en cuenta del depravado festejo que armarán unas caras del pasado. Me conecto con el alivio que sentirán al momento en que su envidia deje de ser un anhelo rabioso de que me caiga, una proyección obsesiva de mi recaída que les hace aterrizar forzosa, dolorosamente en el tiempo y espacio en que se hallen, el mismo tiempo en que, por otro lado, en otro espacio, yo sigo sin fumar marihuana o crack, sin inhalar cocaína, sin beber un trago, pudiendo demostrarlo con la prueba toxicológica de mayor exactitud, la que esté dispuesto a patrocinar quien se atreva a acusarme públicamente de no estar sobrio, de estar mintiendo; no se puede efectuar una demanda por difamación e injuria a la mala lengua de las paredes y ventanas de ningún pueblito, de ninguna cuadra en medio de la gran ciudad, que viene a ser también un pueblo porque eso son los pueblos, una sola calle, las ciudades están hechas de calles a cuyas orillas, en sus casas y apartamentos, viven quienes conocen la vida y obra de todo aquel que habitualmente pasa por ahí, compendios de muchos pueblos, eso son las ciudades; ni en éstas ni en los pueblos puédese demandar a nadie por difamar desde su ventana, su esquina, su vehículo, su plaza, sin pruebas no hay caso y nadie asumiría su difamación, porque eso a nadie le importa, porque cada quien vive su propia vida y allá quien cree que todo el mundo está pendiente de la suya, tal movimiento defensivo parece ser inherente a la mala lengua…,. Me conecto con el alivio que sentirán al momento en que su envidia deje de ser un anhelo rabioso y una desesperanza al caer en cuenta (segundo a segundo) que la realidad se mantiene impertérrita, que lo único que, segundo a segundo, cambia, es el tiempo, cada vez mayor, que llevo sobrio, pudiendo demostrarlo. Por supuesto, me resiento conmigo mismo, me niego a la idea de no poder echar el tiempo hacia atrás, un par de minutos antes de haber decidido hacer contacto con esa dosis. “Bueno… me vuelvo a detener” me digo “ya está”. Mas, a pesar de tal convicción, resiento el festejo que armarán, lo sé. Justo ahí, más de una vez, he despertado y lo he hecho en ésta vida que llevo, aquí, en éste pueblo, en mi rutina. De ésta última vivo quejándome, inmerso en profundos agujeros de gusano en que me despeño en busca de las ideas que pueda poner en práctica (¡acción!), las mismas cuya ganancia no tengo la menor idea de cómo, en qué será invertida. En ésta rutina de miedo al éxito, de encapsularme durante días en la casa a la que odio por sentir que me tiene atrapado, a la que inmediatamente quiero volver luego de cualquier reunión que altere mi horario de llegada, reunión que me habré pasado lleno de culpa, sintiendo que no sufro con ellos …, en ésta miserable rutina, más de una vez, he despertado con la cara y la camisa sudadas por haber soñado que me drogaba, que bebía un trago y pensaba en ésta rutina y, dolorosamente, caía en cuenta de que era un infinito de veces mejor que haberse vuelto a caer. “¡¡¡¡¡Yeah!!!!” he dicho, alzando las manos, como quien cruza primero que los demás una línea de meta, “Sigo siendo yo”. No es conformismo, ¿algo de miedo al éxito?, quizás, ¿genuina gratitud por los años que llevo sin fumar marihuana o crack, sin inhalar cocaína ni beber un trago?, ¿genuina gratitud y una fé ciega en la fuerza sobrenatural, (el amor) desencadenada, justo antes y después de decidir que botaría la última dosis, que lo fue porque la boté, de no haberlo hecho se hubiese tornado en la siguiente…gratitud, fé en el amor que me salvó regalándome ésta rutina en que las recaídas son solo un mal sueño? indiscutiblemente.
          El miedo al éxito, con frecuencia, me hace creer que todo conocimiento procedente de lo que he leído, el mismo que uso para ensamblar palabras y pretender que soy escritor…, el miedo al éxito me hace creer que todo cuanto pueda decir sobre comedia y drama no puede ser más que un rebusque. No obstante, de vez en cuando logro ensamblar algunos conceptos; la comedia como una burla a las cotidianas fatalidades, la tragedia: un destino, la tragicomedia: el juego sádico de las causas y el azar.
Domingo pasado.
          El atardecer de este Domingo ha transcurrido con una luz espectacular y un silencio misterioso. A donde miro, por donde camino, me parece estar viendo algo nuevo, aunque siempre lo haya visto. A veces da esa sensación de que las cosas más inmediatas han estado siempre ahí para contemplarlas y no lo hemos hecho y al verlas sentimos que regresamos a un espacio que habíamos abandonado aunque siempre hemos estado ahí, como si el mismo espacio fuese el marco de contemplación de muchas dimensiones diferentes.
          Esto sigue siendo un monte, y bajo la luz naranja cernida sobre todo aquello que se cristaliza dentro del aire helado que empieza a caminar junto a quienes alcanzan el final del día. A diario, muchos no lo alcanzan …,. Creo que mi nuevo criterio acerca de los espacios que en este y otros tiempos caminamos u observamos sin movernos desde alguna esquina, creo que mi nuevo criterio acerca de que éstos mismos espacios nos observan cual si fuésemos fantasmas que los transitan sin saber dónde estamos, esto (mi criterio) se debe a que hubo tiempos, Domingos, alguno específico, en que caminé bajo la luz de un atardecer dominguero por las carreteras de éste pueblo que sigue siendo un monte; pasadizos de asfalto, rellanos de la escalera de tierra y gamelote que a partir de la otra orilla continúa el ascenso. Curvas, puntos de fuga para el caminante que visualizase algún tramo recto cuyo final fuese la curva apretujada entre el poderoso montículo de tierra casi siempre cubierto de árnicas que tapa lo que pudiese haber más adelante y las lejanas montañas que se vislumbran a la orilla del barranco. En otro tiempo anduve inmerso en la luz de un atardecer como el que hoy me lo recuerda y sé que no era yo, aquí y ahora no soy yo aquel que caminaba soñando con el tesoro que hallaría, papeles en mano. Era otro fantasma, muy parecido al que hoy contempló estos caminos verdes, este monte bajo su crepúsculo naranja y su cielo plateado, sin una sola nube, que hace parecer que hay agua en el gélido aire. Hoy el camino vió a otro fantasma, igualito, mas, hoy es otro, soy yo, recordando las miles de dimensiones que tanto se parecen a ésta.
          Al no haber nubes, como he dicho anteriormente, tórnase gélido el viento y parece haber en éste un dulce océano invisible que realza la profusión de las luces artificiales, aquellas que alumbran el paso de los vehículos, bajo los faroles encendidos por foto sensibilidad que se manifiestan en la circunferencia amarilla a los pies de cada poste, (los que si funcionan), en las ventanas de los apartamentos, muchas de éstas, ya titilando con la radiación de los televisores que a cada quien mantiene cautivo de su refugio . Ya es de noche. Un poderoso reflector alumbra, casi en su totalidad, la plaza Bolívar. Delante de ésta última pasan los autobuses que vienen de Caracas. De uno de éstos baja y cruza la calle una mujer pequeñita, de finas facciones e indiscutibles señales de hippie; su vestimenta holgada, los tatuajes que asoman bajo sus mangas, sus sandalias…, entra al establecimiento en cuya entrada me he detenido a ver si algún conocido, sin hacer alarde de ello, me regala un cigarrillo (es difícil cuando se tiene la costumbre de no pedirle a desconocidos, los conocidos, algunas veces, tardan mucho o no aparecen…), luego de, fugazmente, verme, entra tan rápido como sale para cruzar la calle con dirección a la línea de taxis.
          Mi adicción al tabaco me ha distraído, la mujer ya no está en la parada, me percato de ello al cruzar la calle e ir, con dirección a la misma parada que se encuentra en mi camino hacia el cyber…, donde le preguntaré al encargado si puede rescatarme con un cigarro. “Lo hará”, me voy diciendo, “es muy noble…¡Ja!”. Un poco más adelante, frente a un establecimiento que vende empanadas y una guardería, frente a esos dos establecimientos hay una parada de autobuses. Ahí está la mujer pequeñita, echando humo, sola. Inmediatamente me preocupa que crea que la estoy siguiendo, ya vió por encima del hombro y es perfectamente posible que le preocupe el haberme visto abajo y el verme ahora, subiendo. Su indumentaria, su estilo hippie, no asoma implicaciones de que se halle desubicada en la vida; trátase de una señora desestresándose luego de su jornada en la capital . Por tal motivo, sigo de largo, sin verla. El ciber está cerrado y me sigue preocupando que piense lo que no es; me chupo los dientes, hago un gesto con mis manos, dando a entender que mi objetivo, aquel que no alcancé y por ello me frustro, era el ciber y emprendo el retorno que, inevitablemente, me hará pasar frente a ella o por detrás de la parada en que se halla, sola, echando humo. Sucede entonces que se me ocurre pedirle un cigarrillo.
-          Hola – ella sonríe, cordial, mientras me le acerco, saludando - …chica… ¿tú crees que me puedas rescatar con un cigarrillo de los tuyos?, discúlpame el abuso –
-          Ehhh…, ¿cigarrillo?... – me preguntó, aún sonreída – Bueno…este…si quieres te doy para que le des un jalón- esto último lo dijo extendiéndome el porro que tenía en su mano – no uso cigarrillo -.
            Agradecí su envidiable invitación diciéndole que no fumo ganjha. Reflexioné acerca de la tragedia que para mi ego hubiese representado el haber sido de los que solo aguantan el deseo de fumar, sufren por ello y ante tal destino, el de arribar justo a donde una bella mujer extiende su mano con un porro en ésta, ante tan fatal manifestación del destino, porque únicamente eso puede ser, hay que haber nacido para llegar ahí…, reflexioné acerca de la tragedia que para mi ego en permanente guerrilla contra quienes así lo hubiesen querido representaría el aceptar su invitación y reiterando mi agradecimiento me despedí, seguí caminando. Posteriormente reflexioné acerca de la tragedia que para las caras del pasado representaría ésta historia tal y como la narro, en cómo, para quien fuese a ver una película con semejante libreto, serían, esas mismas caras estreñidas, motivo de la risa generada por una tragicomedia, una tragedia, una comedia, una epopeya, también: otra épica batalla derivada en la victoria del bien sobre el mal. Todo esto a orillas del pavimento, en la vía pública, lejos de los lóbregos rincones y la maldad que los habita; solo gente buena invisibilizada por su falta de atención a cualquier ociosa, frustrada vigilancia.
           Desde entonces (hace algunas horas), me he preguntado si no hubiese debido quedarme hablando con ella, preguntar, al menos su nombre, “Qué imbécil, qué cobarde…siempre tú”. Obviamente, puesto que, minutos antes, en la parada de taxis la vi hablando por su teléfono celular, obviamente esperaba a que vinieran a buscarla. Estoy un tanto afligido por ello, también por una fuerte discusión con mi madre a causa de una tesis que a fin de cuentas debo defender, nada me cuesta.
Escribiré algunas líneas que relaten el agradable encuentro con mi pequeña amiga y el monte que sigue siendo éste pueblo lleno de chismes, malas intenciones y un par de buenas historias de sonrisas femeninas y hombres embrujados, descargando la nota.
12:30 ya es 26 de Junio  
    
  


    



Contracepción

“Y no temais a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar. Temed más bien al que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”
Mateo 10:28
...
 "...montó en cólera, tratándome de "burgués". Ese insulto - ¡bien lo conocía yo! - era un recuerdo de la época en que muchas mujeres de "su formación" se hubieran proclamado revolucionarias para gozar de las intimidades de una militancia que arrastraba no pocos intelectuales interesantes, y entregarse a los desafueros del sexo con ideas filosóficas y sociales, luego de haberlo hecho al amparo de las ideas estéticas de ciertas capillas literarias."
Alejo Carpentier
Los pasos perdidos

...
"...y ella quedó satisfecha por verse con fama, aunque infame"
Miguel de Cervantes
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha 

 Al pié de la escalera, el inclinado pasillo luce cubierto de una penumbra manchada por la luz del bombillo rojo, pendiente sobre el rellano al que se dirige, temerosa, la adolescente embarazada.
        Al llegar, se encuentra de frente con una pared, la ignora y sigue, virando a la izquierda. Mira sobre su hombro el número en la puerta al final del tramo más corto del pasillo en cuyo sentido contrario avanza.
        Muchas puertas, una al lado de la otra, le muestran los números que su visión periférica va dejando atrás. Al estar delante del número que busca, vuelve a ver aquella puerta que, al extremo opuesto del pasillo, luce ahora distante, dando la impresión de ser alguien parado ahí, viéndola con indiferencia, tal como lo han hecho o han dejado de hacerlo las personas entre quienes ha caminado, rumbo al hotel.
        Ya encontró su puerta. Desde el interior de la habitación, una voz femenina recita su nombre a modo de interrogación. “Umjú”, “¡¿Ah?!”, “…si, soy yo”.
       La asistente del doctor estudia medicina. Realiza pasantías en el mismo hospital en que éste se halla inconforme con su salario y al tener algo de confianza con alguna pasante, le pregunta si desea tomar parte en “sus rebusques”. La adolescente embarazada no conoce a la pasante; de amiga en amiga llegaron a su primera y última conversación antes de su encuentro en este hotel de mala muerte.
       La luz del cuarto también es roja. Ahí están la pasante y el doctor, sin rasgos físicos más notables que el miedo brincando en sus pupilas. Los instrumentos están colocados sobre una peinadora y la adolescente embarazada los ve para inmediatamente levantar la mirada y verse a sí misma, siendo, al parecer, la única que se mira compasivamente.
“¿Trajiste la plata?” pregunta la pasante, de manera capciosa.
        Había llegado tanteando el dinero en su cartera, no por miedo a perderlo; deseando que aquello fuera similar a comprarse algo, una prenda de vestir, un libro, y rápidamente salir de ahí. Venía esforzándose por no volver a fantasear con la vida que pudo haberle dado a su hijo. Le han dicho que esa idea puede persistir después del aborto. “Hubo una que se volvió loca” le dijo una amiga “decía que lo veía, lo llamaba por su nombre”. Luego el esfuerzo por no pensar sufre una mutación, se vuelve la idea de “no tener que hacer esto”, de ir llegando a donde la cita fue concertada por ser simplemente autómata, por miedo. Luego piensa en algo de lo que ya existe “un culpable”, una presencia que desea expulsar de su vida. En la constante línea de reproducción de esa misma línea de pensamiento fue llegando a la cita.
         El doctor cuenta el dinero y lo guarda en un bolsillo de la chaqueta que ha colgado en el espaldar de una silla. Hace un gesto afirmativo, indicando a la pasante que el dinero está completo. Procederán.
        El galeno y su pasante ya se han ido. En un pequeño maletín de cuero lleva sus herramientas, las mismas que, sin antisepsia, utilizó en la mala praxis de un aborto cuyo resultado, para la adolescente, será fatal.
         Una sensación similar a la de una piedra caliente en sus entrañas fue la primera causa de  que, llena de espanto, se pusiera las manos en el vientre. Casi al momento, el sangrado comenzó y no se detuvo. Sintió que las fuerzas le abandonaban, un sudor frío le cubrió la cara y por lo evidente del sangrado en su ropa, no dudó en dejarse caer, empantanada en las miserias que su cuerpo expulsó por la seguridad de que moriría o más bien por la seguridad de que aguantándose no lograría sobrevivir. La piedra caliente sigue ahí, se sigue cagando y desangrando en medio de la calle, más, la responsabilidad de cuidarse a si misma ya ha sido transferida a los emisores (hombres y mujeres) de las voces que la rodean sin que pueda ver bien lo que ocurre.
Fadeout
        Hubiese querido ser como una pública personalidad que en un diario de circulación regional publicó un artículo acerca del aborto y el derecho que cada mujer tiene de hacérselo, siendo éste su parecer, ya sea porque el embarazo es producto de una violación o porque sencillamente no se siente apta, competente, o porque “no le da la gana” de criar un hijo. Hubiese querido ser como aquella pública figura que, habiendo escrito, además de una pretenciosa narración acerca de su libre vida sexual, que se había practicado algún aborto, mencionando luego la necesidad de “clínicas de aborto donde este se practique en condiciones adecuadas”. Hubiese querido que quien escribió aquel artículo estuviese ahí cuando la hicieron presa por la denuncia realizada por los médicos que la atendieron y al ver los síntomas de un aborto, no de la mala praxis de un carnicero mercachifle, al ver los síntomas de que ella se había practicado un aborto, llamaron a las autoridades cuyo objetivo de aprensión era la adolescente, mayor de edad, que, sin que la práctica de su aborto hubiese sido segura, sin haber estudiado periodismo, sin haber ejercido el activismo político que le permitiese publicar un festejo de sus decisiones de vida, sin poder sentirse culpable en silencio por haber tenido que seguir con su vida, la cual muchas veces fuese a comparar con la vida que pudo ser, la que ya no será, … la adolescente mayor de edad que debía ir a prisión.
“Bien hecho no joda” dice una mujer mientras sostiene el diario amarillista en que mantiene clavados los ojos. “Y ojalá la maten en esa mierda”
     Siempre hay quien camina por la calle preguntándose si quienes dicen enfrentarse a la sociedad y su barbarie serán de éste mundo, si serán como quienes por este mundo caminaron y por esa misma barbarie fueron martirizados, ¿serán futuros jinetes de la historia, o sencillamente bueno(a)s redactora(e)s?.



























El Fal


          “Aquel cuento de Cortázar ¿cómo era que se llamaba?...que hablaba precisamente de un automóvil descompuesto, un automóvil cualquiera, que, después de registrar cierto kilometraje, como podría ocurrirle a cualquier automóvil o cualquier país…ajá, así empezaba ese cuento, diciendo que un automóvil es como un país que después de haber circulado, podía quedarse accidentado…”. No había terminado de recordar el nombre del cuento cuando llegó el convoy. Tres hombres y una mujer uniformada bajaron del jeep largo hecho en Vietnam e importado sin repuestos para los próximos diez años, “Apenas se accidente va pal cementerio”, pensó el accidentado, que también era mecánico, viendo el jeep y a sus tripulantes, que llegaban a auxiliarle. “¿Te quedaste varado?...Mira pero de aquí te tienes que mover rápido, disparan balines desde allá arriba” dijo uno de los uniformados señalando las casas en el cerro.
          Habiendo colocado el fal en el asiento trasero, uno de los guardias le daba al arranque mientras el accidentado, metido en la trompa abierta del vehículo, movía, reajustaba cosas, según éstas lo requiriesen. Lograron  dar arranque al vehículo y el guardia le indicó que se subiera al convoy, “Nos vemos en el punto de control” le dijo.
          No distaba mucho aquel punto del lugar en que anteriormente se encontraban, más lo habían sacado del peligro que implicaba continuar accidentado, con dos niños pequeños, al pié de la barriada. Una vez allá, se dedicó a reparar con calma, los desperfectos del automóvil que no era suyo, el cliente, confiando en su pulso, se lo dejó en la casa y no había sido un abuso de parte suya el haberlo usado para atender asuntos personales, había confianza. La única mujer entre ellos llevó a la niña al baño y volvió a llevarla al automóvil, subiéndola en el asiento del copiloto, donde volvió a quedarse dormida, tal como su hermano, que dormía en el asiento trasero, justo al lado del fal que el guardia, luego de darle arranque al automóvil y manejar hasta el puesto de comando, dejó olvidado.
          Con la piel de gallina se ha puesto a recordar los acontecimientos de las últimas 24 horas. Por la noche, luego de haber cruzado la Valle Coche, volviendo a nuestra ciudad por los caminos verdes, habiéndose incluso detenido en la bodega de un amigo que le pidió que no se fuera todavía, que se tomara unas cervezas ahí con él mientras preparaba todo para cerrar. Luego de todo esto, bajo protección divina, llegó a la casa, acostó a los niños y él también durmió hasta hoy por la mañana. Revisando por última vez el automóvil que debía conducir hasta la casa del cliente, entonces fue que se dio cuenta de lo que era realmente aquello que por la noche le había parecido algún palo que el cliente utilizaba para mantener abierto el capó. Perdió la cuenta de las llamadas que realizó; siempre hay primos abogados, policías, políticos, veterinarios, más la respuesta que recibió de todas las personas a las que llamó fue, genéricamente, la misma: “Bota esa mierda rápido…te vas a meté en peos guevón”, “Entiérralo y no hables de eso”, “Véndelo en… allá te dan…” fueron otras de las respuestas que recibió, sin que ninguna le llegase a parecer conveniente. Decidió llevarle su automóvil al cliente, su esposa lo acompañó. Con el pago de la reparación hicieron mercado y de regreso a nuestra ciudad se encontró a un oficial de policía, conocido suyo, e inmediatamente le puso al tanto de todo lo ocurrido hasta aquel momento en que el fal, cual si fuese un cadáver, yacía envuelto en una sábana, bajo su lecho. “¿Tú tienes ese fal?, Chamo allá…tienen una alcabala montada ¿y es por ti entonces? Qué bolas” “Yo lo que quiero es entregar esa mierda, más nada” “Si papá pero es que eso hay que ir allá y tomar fotos…” “¡No!, fotos nada, yo no quiero que mi casa ni mi cara aparezca por todo eso, yo quiero entregar eso que no es mío, más nada”. Sucedió entonces que fueron todos a la casa, subieron el fal en la patrulla y salieron directamente al comando. “¿Cómo era que se llamaba ese cuento de Cortázar?” se preguntaba luego de haber conversado con el entonces director de la policía en nuestra ciudad. “No mire comisario, esos carajos son vengativos, el guardia al que se olvidó ese fal en el carro ya debe estar preso, ¿y si ellos me ven y se les ocurre joderme? Uno no sabe qué pensarán ellos, se les puede ocurrir cualquier cosa. Yo sé cómo son las cosas en éste país…”, “Tranquilo” dijo el comisario, consciente de que algo podía pasar   “Nadie te va a ver”.
          Efectivamente, el militar al que contactaron para que fuese en busca del armamento, llegó preguntando quien lo había entregado, “Pero es que eso nadie lo entrega así, yo quiero saber quién es ese muchacho, agradecerle, ayudarlo con algo”, “No”, le respondió decididamente el comisario mientras todo aquello él lo veía atreves de un vidrio que, le dijeron, del otro lado era un espejo “Ahí está el armamento, quien lo entregó es una persona honesta, humilde, trabajadora, eso es todo…”.
          “Se portó bien el comisario” piensa. Igualmente pasarán meses antes de que vuelva a salir tranquilo a la calle, antes de que pierda el miedo a lo que pueda pasar. Bien sea por lo que le haya tocado vivir o por lo que le cuentan en las esquinas, cada ciudadano sabe cómo son las cosas en su país democrático (ha de serlo para que las esquinas liberen el sonido de cualquier historia, en dictadura eso no se puede hacer).
          “La raíz del Ombú, así es que se llama el cuento, ya me acordé. Es un cuento con dibujos. El hombre se accidenta y le cuenta una historia a quien lo recibe en su casa. Una historia sobre la dictadura en Argentina…y el que lo recibió en su casa es quien al final se quita la máscara y es uno de los monstruos fascistas  que aparecieron en las imágenes anteriores… y así es la cosa, el mismo que te brinda el café es el que después te deja pegado…, así son las cosas en este y otros países…,. Y mira que me puse a inventar; todo el mundo tiene un vecino mala gente, que no respeta, antes de que fuésemos a entregar el vehículo me puse a apuntar hacia su casa con el fal, “Mira, como pa destruirlo”, le dije a mi mujer, “¡Hazme el favor y suelta esa mierda!”, yo me reí. También, saliendo de la bodega de… sin saber que tenía ese fal en el carro, con los niños ahí, me saludaron desde la patrulla unos policías que yo conozco. ¡Ey!, les grité…  gloria a Dios y más nada”  





























El chicharrón


A Cileaux

“Hoy paso el tiempo
Demoliendo hoteles
Si me gustan las canciones de amor
Y me gustan esos raros peinados nuevos
Ya no quiero criticar
Solo quiero ser un enfermero”
Charly García

Era, entonces, un corruptor de menores. Quería ser visto de cerca, justo ahí, a donde les dijo que lo acompañaran, quería ser visto por el muchacho y la muchacha que habían accedido, lo acompañaron e hicieron lo que les pidió, verlo fumarse un tabaco. Era, entonces, un corruptor de menores. Hallábase convencido de lo genial que sonaba cada palabra emitida por su boca luego del ritual que, obligatoriamente, incluía una escandalosa tos, trance del que regresaba convertido en astronauta, siendo otro, aquel que deseaba ser visto y oído por esos muchachos.
          Sin que por ello dejase de ser un corruptor de menores, conocía la historia de un pederasta que a un amigo y a una amiga del amigo, a ambos, ofreciéndoles droga, los invitó a un hotel, de esos que presencian y callan toda escena, toda película emergente de la panamericana. Ellos, por las piedras, accedieron y el automóvil de un pederasta, subió el camino pavimentado que alguna vez fue un bosque como el que tenía de lado y lado. El amigo iba escondido en la parte trasera mientras que su amiga, desde el asiento del copiloto, le sonreía al cristal ahumado de la caseta, detrás del cual, quien estuviese registrando los datos de su cédula, seguramente la estaría viendo. A orillas del surco pavimentado, las cabañas, en ascendente alineación, dilataban la estructura (en general), su invasión de la montaña, no obstante, ésta se mantenía presente; lo sabe quien usa el baño a cualquier hora de la madrugada y se asoma por la ventanilla que a éste conecta con la frondosa vegetación y sus sonidos, que dan la impresión de ser aspersores, regando, toda la noche, un inmenso jardín. Quien hace esto y luego se vuelve, sale del baño a la habitación, se encuentra, en el caso de tales infraestructuras, con la pequeña réplica de un apartamentico tipo estudio, la espaciosa habitación, con la inmensa cama en medio, en ésta, una persona durmiendo o pretendiendo que lo hace, la ropa tirada de cualquier modo en rincones de los que, por la mañana, parece haberse movido sola a donde luego se le halla, escondida. Al final de éste cuadro hay una ventana, y la vista que ofrece es del pavimento, la frontera entre una y otra alineación de las cabañas que, con su carretera en medio, llegan a la caseta y a los dos arcos que reciben y despiden las historias de la panamericana. En diferente situación hallábanse los visitantes de aquella infraestructura exactamente igual a la que hemos descrito. El pederasta los dejó fumarse algunas piedras, más, le abrumaba la inquietud; esperaba que las del amigo y su amiga fuesen mentes envilecidas. Estos parecían ser dos muchachos, lo cual, para el pederasta, era bueno, pero, no obstante su adicción al crack, eran dos muchachos sanos; con la misma expresión desconcertada viéronse las caras al momento en que su anfitrión les preguntó si no iban a tener sexo para él observarlos.
-              No – dijo la amiga
-              No mano –
          Sucedió entonces que el pederasta se sintió rechazado. Como ésta se proyectase en aquellos dos muchachos, resintió la aversión por sí mismo, por su pederastia, por su imperante necesidad de practicarla, por su método, ésta vez fallido.
-              Me hacen el favor y se me van de aquí – les dijo.
          No pensaba convidarles de su droga, mucho menos les pediría que tuviesen relaciones sexuales, ¿por qué habría de hacer alguna de esas cosas?; convidándoles droga reducía la dosis que ya le parecía escasa, y en relación al sexo ¿para qué querría ver algo en lo que no podía participar? Dicho sea de paso ¿por qué una pareja permitiría que en su intimidad se involucrase un completo desconocido?. Preguntas para las que solo una mente envilecida tendría respuestas. Tan solo quería drogarse y declamar alguna revelación, era idiota y no lo sabía. Lo supieron aquellos muchachos, si, lo supieron al ver cómo, de un modo mecánico, se descargó de lo que tenía en la mano después que un movimiento instintivo le halara la barbilla hacia el sitio donde creyó escuchar algo…,. La expresión petrificada no se debe a lo que esté ocurriendo, es por la contemplación de lo que, paranoicamente, se imagina que pasará. El muchacho y la muchacha lo veían, perplejos; nada estaba pasando, nadie, nada malo venía en camino, lo supieron en cuanto su cara petrificada se balancease hasta el gamelote donde había tirado el chicharrón. Fuerte impresión les había causado la violencia con que se auto infringió la tos, más, lo posterior no se lo esperaban. Sin ponerles la menor atención, se dedicó a buscar el chicharrón. Corrijo, tuvo, para con los muchachos, la mínima atención de voltear solo un momento, para ver cómo se retiraban, tratando no hacer mucho ruido, en tanto que, desconcertados, veían por encima del hombro, cómo escaneaba el gamelote. Decididamente siguieron caminando, ya los árboles habían cubierto aquella imagen.
          Momentos antes de que un malabarista, bajo cuyo sombrero de bombín parecía haber, únicamente, una enorme nariz, en compañía de su amiga… emprendiesen la descendente caminata por el túnel de luz artificial que, nuevamente, les condujo a la panamericana, previo a esto, el malabarista, vió por encima del hombro la imagen que a continuación les describo: yacía el pederasta sobre la cama, con ambas piernas flexionadas, rodeándolas con los brazos y apoyando su ensombrecida expresión sobre las rodillas. “Sape”, dijo el malabarista, mientras la puerta, justo como al final de la película El padrino, acabó por ocupar todo el encuadre en que ya no se vería el patético plano secundario, precedente a la ya mencionada caminata por la única calle de aquel pueblo exprés, donde la cara de los amigos, sus peinados e indumentaria, en más de una ocasión, fueron altamente alumbrados por las luces de vehículos tripulados por veloces expresiones de espanto, ya sea por imaginarse en la misma situación en que ellos, tranquilamente, se hallaban, o por la inconfesable historia que una pata bien hundida hubiese acelerado hasta la cabaña.
          El malabarista, viendo las lucesitas de los automóviles, sonrió en algún tramo del inclinado camino a la panamericana.















El patio del manicomio


"Yo he de escribirle a usted muchas cartas todavía...¡Si ahora es cuando empiezo a tener estilo!...Pero ¿qué hablo de estilo? yo le escribo a usted al tuntún, sin saber lo que escribo, porque no lo sé, no señor, yo no repaso lo que escribo, ni lo enmiendo, ni nada. ¡Yo escribo únicamente por escribir, por escribir cada vez más!."
F. Dostoyevski
Pobres gentes.

¿Qué tal si la droga fuese como una mujer que en determinante correspondencia dijese: ¡No quiero que me vuelvas a escribir!!!!!?. Poniendo así en evidencia lo infructífero de todo cuanto se le haya podido remitir, buscando, honestamente, alcanzar su presencia física en el tiempo y espacio que por su respuesta fuese propuesto o aceptado. Una respuesta como la ejemplificada o más bien, documentada (es real) en el principio de éstas líneas, bien pudiese ayudar al vicioso de redactar y remitirle los cuentos, poesías, filosofías y demás pendejadas que hayan podido exasperar a la destinataria. Muchos no desisten y el fondo suele obscurecerse todavía más. Pero alguno habrá que, sentado en su silla, inmóvil, cual si hubiese brotado de ésta, le busque nombre, concepto, al hondo vacío que desde su estómago le succiona el aliento; debiéndose esto a la inconsciente falta de respiración, mientras leía el ultimátum que le fue remitido.
  Habrá quien busque de normalizar la función de sus pulmones e inmediatamente se figure todo cuanto necesita seguir escribiéndole…, habrá quien se figure tanta redacción de la que no resulta ser más que un vicioso, habrá quien se figure su vicio como un aberrado monstruo que ya le condujo a éste fondo del que preferiría no conocer mayores latitudes. Por esa misma razón, habrá quien, dolorosamente, “currando”, descarte los motivos que puedan ocurrírsele…, (y lo harán, se le ocurrirán, el monstruo persistirá en su pugna por ser el impulso autómata que responda)…, habrá quien, dolorosamente, pasando trabajo, “currando”, descarte los motivos que puedan ocurrírsele para una, al menos una copla más.
   Sobreponiéndose al sin sentido de su propia existencia, aquel en que su enfermo pensamiento, patéticamente, le hiciere reflexionar, buscaría en qué ocupar su tiempo. Desmontaría su propio deseo de no ser visto en público y saldría a la calle. Daría saludos cordiales a quien considerase que los mereciera, y así mismo se los negaría a quien su consideración de algún hecho pasado le formulara el criterio de que no lo merece. Bajo su propio riesgo, confiaría o no en sus semejantes, cada uno desplazándose o estacionado en la vía por la cual caminaría, conversaría breve o largamente con aquellos que de su mayor confianza gozaran. Se formularía ideas, proyectos para el futuro, pondría las manos en alguna obra, viviría. Y con el tiempo le gratificaría saber (con certeza) que ha dejado vivir en paz a quien le hizo destinatario de un ultimátum.
   Necesario resulta no perder de vista el tema de la recaída. Habrá quien, al dar testimonio de su rendición ante la conciencia de ir cayendo vertiginosamente por un abismo de descontrol masoquista, y por haber recibido de Dios la fuerza requerida, la fé para soportar los inevitables tormentos del pensamiento aberrado, aquel que inmediatamente se dio a la tarea de censurar, cuestionar la fé en que todo aquello pasaría, tal y como fue, ¡se detuvo!. Habrá quien le rinda culto a un poder sobrenatural, infinitamente superior al abismo viviente de cuya derrota da testimonio, y sin embargo, deba confesar, no uno, varios, muchos ultimatums que no le rindieron ante la conciencia de estar “haciendo lo malo”.
   Es Domingo, y como cualquier otro día, Charly Valdez barre las hojas que durante la noche cayeron de los árboles, en el patio del manicomio. Se encuentra éste (el patio) al pié de las cuatro alturas que le rodean. Las ventanas del comedor, el cual yace sobre una loma que desciende hasta ser contenida por un muro de baja estatura que sirve de espaldar a quienes se sientan en el gran banco de concreto, último escalón para el descenso desde las ventanas del comedor hasta el rellano final, nuestro patio. Delante de este banco de cemento, con el patio (a lo ancho) de por medio, se levantan, no uno, dos escalones similares, como gradas que ascienden a otro rellano donde los enfermeros montan guardia. Paralelo a éste rellano, al patio en su totalidad, se extiende un corredor, la entrada e igualmente la salida del manicomio. Al entrar o salir de ahí. Se camina entre la reja que marca lindero con el rellano en que se monta la guardia más importante, entre dicha reja y una altísima pared, camina bajo el cielo, quien entra o sale del manicomio, bajo la inquieta mirada de quien sea que se encuentre en el patio. Dos alturas más completan su encajonamiento; a la misma altura del comedor, diagonal a éste, se extiende un corredor, con las puertas de las habitaciones alineadas una detrás de otra, como un hotel. Delante de las entradas (sin puerta) a las habitaciones, de por medio el corredor, un murito de aproximadamente metro y medio de longitud, sirve de base al altísimo enrejado en que, apoyando los codos del murito, sacando los brazos entre las barras de hierro y apoyando la cara entre dos de esas mismas barras, se obtiene la tercera visión, en picada, del patio del manicomio, en cuyo extremo final nos espera la cuarta altura, que resulta imposible ver desde ahí debido a la verde marea que son las ramas y hojas de los árboles, cerniéndose sobre la casi totalidad del patio. Al extremo final se levanta una pared con una pequeña puerta de metal en medio de los ladrillos que hacen pensar en tiempos remotos, inimaginables para quien solo sabe que la arqueada estructura de barro cocido tiene que haber sido un puente, que la pequeña puerta, en ostentación de su candado anti cizalla, debe conducir a algún espacio sub terraneo de la antigua parroquia en que se encuentra el manicomio y, obviamente, aquel patio, visto con indiferencia por la quinta altura, los árboles para los que se dejó el recuadro en medio del piso, es una quebrada embaulada.
   En tiempos remotos, no como los de la construcción y familiar habitación de la fantasmagórica estructura colonial del manicomio; en 1.979, Charly Valdez conoció las instalaciones de la casa que en su función de manicomio le había estado aguardando desde 1.954.
   Era un muchacho entonces, le había escrito a “una señora”, diciéndole que estaba enamorado de ella. La señora fue a decírselo a su mamá, quien inmediatamente lo encerró allá.
   De modo que así como la droga no da ultimatums, aguarda en silencio a quienes desesperadamente la buscan, la encuentran y acaban en cárceles, manicomios o el cementerio al que una mala muerte les conduzca, así mismo hay mujeres (perversas matronas de ayer y de hoy), que guardan la carta del muchacho enamorado, como evidencia de su crimen, aquel por el que se dan a la imperiosa tarea de hacerle pagar.
-              Y mi mamá… ella se asustó y me trajo pacá- dice Charly.
Es noble, no la culpa. “Eso se vió muy mal”, sigue diciendo.
   “Lo mal visto”, con diferentes caras, era y sigue siendo el mismo fantasma en la psiquis de una ciudadanía, históricamente, paranoica por las innumerables guerras civiles que hasta entonces persistían. Las guerrillas urbanas habían sido prácticamente neutralizadas, pero se sabía de sobra lo que, durante la década de los sesenta y aquella última, le había ocurrido a quienes fueron mal vistos por lo que dijeron, o aquello en lo que se involucraron. La madre de Charly Valdez tuvo miedo, no de que lo vieran mal, puesto que ya lo habían hecho, “la señora”, rabiosamente, se lo hizo saber (le dio un ultimátum) y ella, la madre de Charly, tuvo miedo. En breve, si no ponía el reparo que la matrona, rabiosamente, le había exigido, en breve sería mal vista, mal comentada como alcahuete de “algo mal visto” en lo que irremediablemente se vería involucrada. Desconocía los cargos que fuese a presentar la denunciante o sus derechos como denunciada. Simplemente tuvo miedo, y en 1.979, Charly Valdez ingresó al manicomio.
-              ¿Y cuándo te vas Charly?-
-              Yo no me quiero ir, estoy tranquilo-
  Alguien lo recordará escuchando una canción de Sui Generi:
Hace…años que estoy aquí
Y no quiero salir
Ya no paso frío y soy feliz
Mi cuarto da al jardín
Y aunque a veces me acuerdo de ella
Dibujé su cara en la pared
Solamente muero los Domingos
Y los lunes ya me siento bien
    Por encima del corredor de altas rejas, (la tercera altura), se asoma un pedacito del Ávila, e indiferente, como los árboles que por las noches sueltan sus hojas como bombas inofensivas, el hotel Humboldt mira el patio del manicomio. Es Domingo y como cualquier otro día, Charly Valdez, ajeno a la censurable dialéctica de los fantasmas del pasillo,  barre las hojas que cayeron por la noche. 

























SOLO PARA NOSOTROS

“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta su propia gloria busca…”
Juan 7:17 7:18
 “Vamos a pegárnolas”
Expresión popular maracucha empleada para decir: Vamos a tomarnos unas cervezas
...
Hacen falta los días de hastío, en los que se calcula el tiempo invertido en la labor que tan solo eso arroja, un saldo de tiempo que parece estar siendo cobrado, como si saber de cuánto tiempo se trata fuese el precio a pagar por lo que se considera una completa pérdida. Hacen falta los días depresivos en los que hasta un alcohólico, un adicto a la cocaína que hace años no bebe o inhala ninguna de esas maldiciones piense: “¿Para qué hago yo esto?, ni que me fuesen a beatificar ¿Quién soy para que mi sobriedad deba ser tan importante? Que se rehabilite algún famoso que pueda decir cuantos días, meses, años, lleva sin alterarse la conciencia y que mucha gente lo sepa porque le importe, ¿qué hago yo gritando esto prácticamente para mi? Sé que no es para mi que lo grito y eso es todavía peor, es para otros. Pero no quiero ayudar a nadie, quiero causar envidia, sé que duele la envidia y quiero que a alguien, alguien…y alguien más les duela tan miserable sentimiento. Aunque no había pensado que el deseo de castigar la envidia en alguien más  se debe a que por su envidia trata de hacerme sentir envidia por algo que mi sobriedad no consigue, y lo logra, logra molestarme quien tiene a alguien con quien reírse de mi, mientras yo no tengo a nadie. La mayor parte del tiempo pienso, estoy convencido, de que si no tengo con quien reírme de alguien más, ello se debe a que no quiero hacerlo, a que soy capaz de decir cuánto me duele eso a mi, y es precisamente por eso que no trato de esconder mi dolor ocasionándoselo a alguien más. Pero aunque quisiera, no podría, no puedo mantenerme cinco minutos en una conversación en la que aparece el nombre de un ausente, me da igual que la empiece otro, me da igual haber sido yo mismo quien la empezara, no me aguanto en ese tiempo y espacio, sea cual sea e inmediatamente salgo corriendo. Otro caso sería el de no tener a quien acudir para defenderme de un corro, ahora le dicen de otra forma pero se trata de un corro, “un chalequeo”, una burla, tan castellano como eso. Manejo fluídos conceptos del vacío espiritual de quienes buscan ayuda para dañar a otros, pero es únicamente mi propio vacío, hablar de él, lo que me saca del ojo del huracán. Igualmente, sabiendo hablar más de mí que de otros, habiendo alcanzado los años que llevo sin malditas alteraciones de la conciencia, igualmente necesito ser gente, ser la mala gente con privilegios, por encima de quienes no los tienen, satisfecho de ello…”

Hacen falta los días de hastío para pensar de tal forma, para olvidar que el abandono de las sustancias, la pérdida de la obsesión por ellas se debió a un milagro, algo inexplicable cambió el curso de la vida que hace falta vivir en frustración y arrogancia, ajeno a la conciencia del anteriormente referido milagro y su representación del infinito poder que lo hizo posible, aquel en el que es bueno no creer o del que es bueno no saber absolutamente nada mientras se le rinde culto al ansiosamente esperado golpe de suerte que acabe con el suplicio, hace falta ser adicto a las drogas, haberlas dejado, y, por falta de fé, creer que se vive en un suplicio, ser vulnerable a la sugestión humana, a las mujeres, por lo menos a la sugestión de una mujer a la que se le aceptó una invitación a un establecimiento en el que se consumen bebidas alcohólicas. Y aquello, aquella mujer, no puede ser descrita de otro modo, es un monumento que ha estado manifestando interés en quien ha estado sintiendo que un cambio se aproxima, una bendición. El establecimiento es muy ornamental, no es una taguara, como en todo establecimiento hay mesas y una barra pero se trata de un espacio limpio, sin bulla, sin música estridente, donde resulta posible aislarse del mundo que cada quien se construye en su mesa o en la barra. Quien ha estado pensando en el cambio que se aproxima no está muy seguro de lo que será, sabe lo que quiere, cree saber que es eso mismo lo que quiere la bella dama que está brindando, cerveza para ella y Chinotto para quien saborea sus excesos de azúcar mientras conversa animadamente, pensando que: “Esto no había ocurrido en mucho tiempo”, feliz. Le hace feliz oírla decir que la sobriedad le ha sentado bien, diciéndole que mire a su alrededor, tiene sus años de sobriedad, tiene unas metas que se propuso y alcanzó, algunas cosas de las que le ha platicado a la dama, que al terminarse su cerveza espera a que termine con el Chinotto y le dice que pida otra ronda. Tiene todo lo que ella le está diciendo que tiene. Felizmente lo sabe, porque ella se lo está diciendo y es esto lo que le hace sentir así de feliz. Entre otras cosas le incluye el hecho de estar ahí con ella y eso también es verdad, los días de hastío se proyectan, hasta el momento, repletos de soledad y estar en un espacio público en compañía de una mujer tan bella le hace sentir completamente seguro de haber alcanzado sus metas o para una mayor y verídica intensificación del trance en que se halla, está pensando que ninguna meta que se hubiese propuesto superaría dicha situación, “todo es perfecto” piensa, y justo entonces piensa en la cerveza que ella le ha estado convidando y ésta, le parece “una pendejada”, algo que no puede ser asunto de nadie más que de quien se hace cargo de sus asuntos y justo entonces está completamente seguro de haberlo hecho muy bien. “Podría volver a tomar, a fin de cuentas nunca he tenido problemas con el alcohol, lo incluí en la lista de sustancias que había que dejar más por faranduleo que otra cosa, en algún momento vi la expresión desconcertada de alguien que me convidó y le dije que no, me gustó verle esa expresión en la cara, pero nunca he tenido problemas con el alcohol, puedo tomarme una, estoy en otro mundo creado por mi, por mis años de sobriedad, por mis películas, mis cuentos, éste nuevo mundo es bastante agradable, me siento a gusto aquí…”. Después de tantos días de hastío, suficientes para volverse años, después de todo ese tiempo fue que pudo contemplar la importancia de no hacer algo, percatándose de un ansioso interés ajeno en que lo hiciese;vió desvanecerse las dudas acerca del valor que tenía su sobriedad para la providencia que se la había dado, se encontraba frente a la historia que se había ganado y rindió culto a un poder muy superior al de quienes se habían mofado y se seguirían mofando de él después de aquella velada espectacular.

-          No mami, yo no voy a beber-

La bella mujer guardó silencio un momento

-          ¡Pide la cuenta! – dijo


Y ésta narración ha sido escrita para ella, por una comunicación que envió diciéndole al servidor de nuestra historia que la excluyese de toda idea paranoica, teoría de la conspiración referente a intensiones suyas y de otras personas de que volviese a beber si ello no le sienta bien. Es para ella ésta narración de culto a la providencia que a alguien más ha hecho contemplar la alucinógena realidad de la vida en un estado de plena conciencia, siendo ella parte del contexto, la bendición que ya venía en camino.




La estación de Salvador


Trátase de un escritorzuelo de nuestra ciudad. Su nombre…, lo conocemos quienes le hemos oído decir cuan poco le importa seguir siendo anónimo, “De todo hay respaldo, hasta papeles de propiedad intelectual”, eso dice siempre, agregando que sigue sin fumar, inhalar, inyectarse droga o beberla. No poco gusta de platicarnos acerca de un patio, el de un manicomio donde estuvo encerrado a causa de las drogas que dice ya no usar. Creo que ha escrito un relato a propósito del tal patio del manicomio, eso me ha dicho, más, no lo he leído; soy más dado a las lecturas metafísicas, Cony Mendez…, con especial atención me escucha, el escritorzuelo, cuando le hablo de Krisnamurty, de sus tratados acerca del conflicto que tienen los hombres con la muerte, dice que a un difunto tío suyo le gustaba mucho también. Siempre hablamos de paso, no es mi amigo ni yo lo soy suyo, simplemente conversamos.
Sucedió que un día, un Domingo, charlando en una banqueta de la plaza Bolívar…, sucedió que mencionara a Salvador Garmendia, un libro de relatos (Extraños, difuntos y volátiles) y una novela que, según dijo, le causó alucinaciones. “No vi nada inexistente” me dijo “La novela es real, por lo tanto aquella reunión de artistas borrachos y mal hablados merodeando a las acompañantes de sus colegas también lo era… lo sigue siendo”. Dije no entender muy bien a qué se refería, “¡Que estuve ahí!”, respondió, presa de una fuerte agitación, “Estuve en esa fiesta, créeme. Era una quinta de clase media alta, a finales de los 60’s, de dos plantas, muchos cuartos…rincones para esconderse, si…, para esconderse. Bien fuese por la inseguridad, el miedo de acercarte a las mujeres… o con una de ellas, la de una cara de boba melancólica…, es un poco triste lo que te narro…, me refiero a que…, me gustó la mujer, el personaje creado por el autor. Estaba en la fiesta, claramente la vi, me gustó y…, tuve que cerrar el libro… a lo que me refiero con triste… no es que sea triste, no… a lo que me refiero es a los anhelos terrenales, ¡con qué facilidad te privan de un alimento para el espíritu, de un aprendizaje…cierras el libro y…”. Causóme gracia el escritorzuelo repudiando de su bruta lujuria, leyéndome, inclusive, algo que había escrito para liberarse… :
¡EUREKA!!!!!

Nadie lo sabe con exactitud/ es decir/ se sabe que los testículos tienen la función de segregar el semen/ están ahí para eso/ pero el semen/ la vida que contiene… tampoco hay que pensarlo como si fuésemos únicamente los seres humanos quienes nos reproducimos/ no hay que pensarlo porque se puede pero se estaría pensando en algo absurdo/ todo el mundo que conocemos se reproduce/ las semillas/ todas/ tienen una ranura visible/ son hembras y saben de qué planta son semillas/ pero algún estímulo tienen que recibir de la tierra/ algo hay esperando penetrarlas al ser sembradas/ la vida es el gobierno irrevocable/ todo lo vivo se reproduce/ pero la explicación…/ es por ello que como seres humanos conocemos la necesidad del culto a lo supremo tal y como cada quien lo concibe/ no hay explicación para la vida/ ahí está…pero el asunto de los testículos segregando el semen…/ hace pensar en las mujeres como semillas/ no como la tierra en que se siembra una semilla sino como “la siguiente semilla”/ pues la primera semilla es el hombre en el que una causa inexplicable siembra millones de posibilidades al momento en que le invade una idea de placer/ entonces por ahí vienen los tiros/ el hombre es la semilla de la que nace un fruto multitudinario pues al momento de la erección producida por la idea del placer/ los testículos empiezan a segregar el fluído en que un gentío tiene/ debe tener plena conciencia de que existe pues luchan por alcanzar el siguiente nivel/ entonces el poder al que el ser humano le rinde culto es el placer de la relación sexual/ poder con el que hace contacto al pensarlo, segregarlo y expulsarlo/ es vida el momento de la eyaculación/ la pregunta sería si la vida que viaja de los testículos al óvulo por el que lucha ese gentío/ la pregunta sería si ese gentío lucha sintiendo el mismo placer del hombre que l@s eyacula…¿ será la lucha por alcanzar el óvulo una persecución del orgasmo en el que alguien se queda dormid@ y es por eso mismo que al despertar no sabe quién ni qué es y empieza a verse, a contemplar su existencia? Porque es eso lo único que hará durante la vida que se le pasará buscando placer y huyendo de la muerte hasta que ya no pueda hacerlo. Las erecciones eyectan semen y textos de Sabado por la noche en una fiesta llena de bellas mujeres donde hay alguien que se quiere ir pal coño…anda con una idea ruín.
15/ 03/2014
Sábado en la noche, leyendo: Los pies de barro...
“Yo una vez vi a Salvador” le dije “no he leído sus libros pero una vez lo vi, en el metro”, esto último le hizo abrir los ojos cual si viese venir algo que le impactaría. “¿En el metro?”, preguntó, con la misma mirada, entonces, completamente ajena a lo que fuera que estuviese pasando en torno a la banqueta…, trataba de lucir sereno pero la mirada delataba un hambre voraz por los detalles de aquel encuentro, “Ajá”, comencé a responder “Ajá, en la estación Parque del Este…bueno, en ese tiempo le decían Parque del Este. Yo creo que él vivía por ahí”. No pudo ya seguir conteniéndose, “¡¿Pero dónde?! ¡¿Cómo!? ¡¿Qué hacía!?”, “Nada, iba en el vagón, sentado junto a la ventana. Como era él, de encanecida melena, con dos grandes entradas, de ancha frente y la nariz chata sobre la barba por la que, abstraído, se pasaba la mano”. Aquella imagen, la única que podía ofrecerle, ha de haber sido tan profunda la impresión que le dejó, tan cerca se habrá sentido del escritor a quien me ha dicho que jamás conoció en persona, que su expresión petrificada explotó, liberando su alegría en sonora carcajada, la cual detuvo para verme en silencio y en dos segundos volver a reír, cual si fuese yo la fuente, la pantalla en que, perfectamente, podía ver a Salvador, acabé por reírme también. “¿Y no le dijiste nada?” “No chico, si yo no lo conocía ¿qué le iba a decir?” “Coño, no sé… ¡Salvador! ¡Eh!”. Fui yo quien, entonces, prorrumpió en fuerte carcajada, “¿Tú eres loco vale?”, “Yo lo hubiera llamado, así fuera para que se asustara”, seguí riéndome “Claro vale”, concluyó el escritorzuelo, “Esa gente así, genial, tú no le puedes caer con sumisión, queriendo ser su amigo; después te salen con una vaina y te pones triste. Yo, lo que es a las modelos, actores, actrices, políticos, animadores, a esa gente ni la miro. Pero a un Salvador Garmendia, que cualquiera de los anteriormente mencionados te dice que lo conoció, sin haber leído uno solo de sus libros…, a un Salvador Garmendia le hubiese gritado: ¡Salvador! ¡Eh!...¡ven acá!...si, así mismo, ¿te ríes?. Y si lo hubiese visto hacerse el loco y seguir por otro lado le gritaba: ¡Mira, estoy aquí vale!, pa que dijera: ¡Mierda! Y saliera corriendo…bueno, ¿Quién lo manda a ser famoso?..., y otro día te describo…¿no quieres leerlo?, ah bueno… otro día te describo las imágenes tan voladas de su novela Memorias de Altagracia, el final me lo sé de memoria, escucha…”.
Me despedí del escritorzuelo, dejándole en aquella banqueta de la plaza Bolívar, con la fé en sus textos inéditos, no obstante, bien respaldados, uno de éstos incluso patentado, con los años que dice tener sin fumar, inhalar, inyectarse droga o beberla..., nunca se sabe, eso solamente puede decirlo una prueba toxicológica, con los años que lleva sin ver El patio del manicomio, pasándose la mano por la barba en tanto rumiaba una cita: “Debo marcharme entonces, debo irme de aquí, debo marcharme ahora, lejos”
Fin.
La estación de Salvador
Emiliano Trujillo Sánchez
Domingo 19 de marzo de 2017







Una crónica infernal

“Ascendiendo es espiral
Expandiéndome en el tiempo
Descubriendo la materia
A la cual estoy sujeto”
Cayayo Troconis
Siete mares

        


          Terminé de escribir la novela y me da vergüenza referirme a ésta usando la palabra novela. No estudié para ser escritor, no tengo un sistema…, solo leo. Y el estilo ¡ni hablar!, me avergüenzo más al pensar que un texto al que avergonzado califico de novela, lleva, de paso, mi estilo; me avergüenza creer que lo tengo. La novela puedo renombrarla como: una cagada que escribí, unos papeles que ni a mí se me ocurre lo que hacer con ellos; de cualquier forma, seguirá como y donde la dejé, más, el estilo son dos palabras que me observan en silencio desde muchas páginas de grandes obras, la impresión, el estilo de sus grandes autores. También podría ser que los grandes autores sean la obra de su propio estilo, cual si fuese éste una virtud, mas, indiscutiblemente, la virtud de escribir grandes obras viene a ser también la capacidad de tener una biblioteca en mente. Mientras llego a etiquetarme de esquizofrénico, creyendo ver a mi estilo narrativo de un modo palpable que, sorpresivamente, ¡siempre!, vuelve a desaparecer, sin quedarme otra que la de creer que solo yo lo he visto…, mientras esto sucede, veo, palpo y me pregunto ¿qué es lo que obtengo del magistral estilo narrativo de García Márquez, Dostoyevski…?, a éste último, la novela Héroes y tumbas, de Sabato, me asignó la tarea de leerlo; más de una vez alabó, calificándolo de antes y después en la historia humana el maravilloso relato de Los hermanos Karamazov. Dostoyevski a su vez me asignó la lectura de Los evangelios, de Shakespeare, de los maestros rusos, Pushkin, Gogol, que le antecedieron. Se leían y alababan entre ellos, cosa que no dejó de marcar solemne impresión en mí, puesto que el patriotismo, en mi país y la época en que me ha tocado vivir, no me representa otra cosa que una herramienta usada por burócratas incultos y mal hablados. Los rusos, la devoción con que se estudiaban entre sí, me ha hecho volver a Venezuela, a Las lanzas coloradas de Uslar Pietri, al Cantaclaro de Gallegos, a las bellas Memorias de Altagracia de Salvador Garmendia, Los platos del diablo de Eduardo Liendo, genial…,. Piedra de mar de Massiani y El relato de un náufrago de García Márquez me fueron asignados en el liceo. Mi bibliografía no es completamente anacrónica; no obstante haber leído desde la adolescencia y, entonces, haber empezado a rumiar mis propias letras, no obstante esto, fue hace escasos tres años que me asaltó la preocupación por no tener un sistema. A más y más lectura, tanto más verdugo se torna el auto cuestionamiento de lo aprendido en las pasadas lecciones, cada maestro remite a otro anterior o de su misma época. Llevo más años sin beber un trago de los que llevo leyendo sin descansar, estudiando.

          Salí a caminar. El pavimento serpentea entre las montañas. En algunos tramos la carretera de lado y lado es bordeada por un gamelotal encorvado por la brisa, más, puede verse, lejano, el horizonte. Inesperadamente, algunos pasos más adelante, se camina bajo una bóveda vegetal atravesada por numerosos rayitos de sol.

          Una bocacalle me expulsa a la perimetral. Mientras camino entre quienes ignoran la ruta que hube de recorrer, siento nostalgia por el tiempo en que ver nuestra ciudad en un día soleado era el privilegio del Sábado, el penúltimo día en que desde la casa pudiese ver el matutino crepúsculo. De lunes a viernes apuraba, de madrugada, el paso, por ser de los primeros en la cola del metrobús; un grupo de tres o cuatro enfermos, como yo, se congregaba en los primeros puestos; una competencia por el primer lugar, tal era nuestro enfermizo estímulo. Claro que ser de los primeros no impedía, nunca, la amargura que me embargaba al abordar el colectivo medio de transporte; por ser el primero resultaba extraño que fuese el único de mi ciudad que viajaba diariamente a Caracas por el salario mínimo que me rendía tan extenuante jornada, quitando mis numerosos rencores por otras historias locales, puedo decir que aquella era mi frustración. A diferencia de mí, nadie más conformaba la cola para trabajar en ninguna fábrica, no como obrero mal pagado. Las frustraciones que se iban agrupando a lo largo de la hora transcurrida entre las cuatro y media, cinco menos cuarto (horario de los primeros enfermos) y las 05:30, hora en que arribaba el metrobus, las frustraciones del resto de los integrantes de aquella cola consistían primeramente en no tener un vehículo particular y deber alinearse a la espera de un medio colectivo en cuyo primer, segundo o tercer lugar hallábase alguien que trabajaba por sueldo mínimo, de quien se murmuraba un bajo ingreso económico, una locura, un chiste que daba risa entre quienes lo murmuraban para desahogar su frustración por, valga la redundancia, no tener vehículo particular. Mas, la burla, el irrespeto, no quedaba exiliado en los últimos puestos; nunca falta aquel cuya frustración proviene de la casa, de la familia, de quien sabe qué bochorno, el cual, tanto mejor será no presumir siquiera, nunca falta quien desea llegar primero por su afán de imponerse como dueño de un espacio, controlarlo e irremisiblemente, confrontar a quien no respete su autoridad, a quien desee usurpar su puesto o impedir que le dé la cola a alguien, nunca falta quien empieza el día inventando guerras pues las necesita y no fue mi caso el de quien se salvó de ver llegar a algún remedo de guerrillero madrugador a quien no desease ni siquiera saludar y, no obstante, haberlo hecho puesto que el tal llegó haciéndolo, saludando y buscando conversación, trampa en la cual no me salvé de caer, llegando incluso a levantarme y batiendo los brazos, declamar algún argumento que, posteriormente, me hiciese sentir como un títere cuyos hilos fueron movidos por quien luego perdió el interés en lo que yo le había dicho; más de una vez vi a un personaje como el que describo ignorarme por completo puesto que alguien a quien consideraba de su status se encontraba allí, a alguna palabra que le haya dicho respondió con una expresión perpleja, de no estar entendido en el asunto, la misma con que volteó a ver a quien recibió la seña de que no entendía por qué yo le hablaba. Los complejos de mi comunidad se reflejaban en la amargura con que, de lunes a viernes, abordaba el metrobus, ubicándome en la ventanilla donde pudiese ver amanecer ya sobre el fastuoso Avila y el valle erizado de grandes torres que yace, vive a sus pies. Era la madrugada del sábado el primer y penúltimo crepúsculo matutino que veía en el pueblo

          Mientras camino, recito mentalmente un apocalíptico pasaje de las rapsodias del Quijote: “Dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas y que las leyes caen debajo de lo que son las letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas porque con las armas se defienden las repúblicas…”; eso es verdad, me digo, me gustaría publicar algo en este país y llevar el estilo de vida de todo aquel con el poder de adquirir (habitar, vestir, comer, gozar…) lo que en dicha república venden los mercaderes que financian las campañas electorales de quienes, habiendo ascendido al poder, asumen el mando de las fuerzas armadas cuyo salario es legalmente cubierto por el I.V.A. que la ciudadanía paga por las cosas e infraestructuras importadas o fabricadas aquí por esos mismos mercaderes…, las fuerzas armadas cuyo deber es proteger y servir a las leyes donde se contempla la protección y servicio a la ciudadanía que confía en las leyes y en quienes con sus armas deben hacerlas valer, mientras dicha ciudadanía se jode por el poder adquisitivo que pueda, al menos, sostener apariencias, ya en vehículo particular, ya en la cola para el metrobus. Todo esto, a diario, me parece una patraña; no temo al castigo que pudiese imponerme la sociedad encajonada en mi república, mi estado, mi municipio, comunidad, sector de ésta ni demás habitantes de la casa…, no temo al castigo que, de no ser por mi lucha social contra el crack, pudiesen imponerle a mi pereza. Temo al hambre, la falta de cigarrillos y café y al abuso de la intemperie…,. Brevemente narraré un sueño que tuve, el que vino a ser una premonición del viaje que me aguardaba: A orillas del camino apareció un estrecho sendero. Sin saber cómo ni cómo no me encaminé hacia lo que, posteriormente, fue mi indecisión frente a dos posibilidades. Una era el haberme alejado muchísimo del camino real, otra, la mal soñada posibilidad de que éste último hubiese desaparecido. Traté de volver entre los árboles y fue solo eso, árboles, lo que hallé. De regreso a la magra vereda miré hacia atrás y estuve seguro de que volver sería caminar siempre aquel pasadizo que me había atrapado.
          Hecho fantástico: los árboles que cercaban de lado a lado el angosto camino, al igual que éste, sin armonía, desaparecieron. Casi seguro estuve de que al voltear no los vería, que me hallaría frente al mismo precipicio al que me condujeron los pasos perdidos a los que aún restaba mi salto al vacío, que tan inevitable resultó, cual si no pudiese en modo alguno evitarlo y dicha fatalidad me hubiera hecho saltar en busca de una certeza, la misma que sentí al ver aquel espacio luminoso que sobrevolaba como un aeroplano. Mucha gente sueña con soñar que vuela, con, al menos en sueños, conocer la sensación que no solo comprende un reto a la gravedad, anexo a ello, sentirse impulsado, con el poder de llegar volando a donde se desea. Únicamente soñarlo es un sueño hecho realidad. Soñé que volaba sobre un infinito campo de brillantes girasoles.
          Como suele pasar en sueños, lo siguiente no es mi designio, mas, lo acepto como si una parte de mí supiese que se trata de una búsqueda para la que fui designado. El infinito mar de girasoles hallábase surcado, de más a menos infinito, por la negra zanja en que, sin dudas, me precipité. Lo que allí pude ver es digno de ser narrado, tal y como lo recuerdo.
          El fondo del abismo era una ciénaga poco profunda, un suelo fangoso y angosto; a cada lado erguíanse dos inmensas paredes, tan altas que, por poco, se unían arriba donde eran abochornadas por un hilito de luz prácticamente imperceptible. Supe, entonces, que tales paredes no eran de piedra; en desesperada pugna por adelantarse unos a otros, millones de hombres y mujeres cubiertos de agua cenagosa, tiraban de sus pies, manos, cabello…, librando una vertical batalla, la misma que les impedía darse cuenta que eran, todos y todas, la pared que a lado y lado encajonábales, obligándoles a ser su misma prisión individual y colectiva. Cual millones de gusanos enloquecidos, retorcíanse, tirando unos de otros, haciéndose caer hasta el fondo del que brincaban de regresa a la guerra por derribar a cuantos pudiesen, siendo esto último lo único entendido como el camino hacia la cima. En la distancia y también cerca de mí, pude ver a quienes, brillantes, ascienden al ras de la muralla, mas, no por su luminosa virtud ni su vertiginosa levitación, no por ello el resto quedaba estupefacto al presenciar el ascenso…, era, simplemente, por saber, con fé, a dónde iban, tal era la causa de que no intentasen derribarlos, no podían. Todo lo anterior, mi sueño, hallará, en seguida, su relación con la historia cuya narración me doy a continuar.
          Solía creer que volverse un escritor consistía en saber con qué llenar muchas páginas, cuando, más bien, se trata de superar la pereza que impide hacerlo, decir, escribir todo lo necesario, incluso aquello que pudiese generar serios compromisos. Mi sueño es real, su narración lo es y viene a ser, también, mi respuesta al estímulo de recrear una sociedad tan profundamente similar a ese túnel que, fácilmente, pude camuflarse en la tradicional fachada de cualquier pueblito, con su plaza Bolívar, sus negocios… (expendios de licor, abasto, farmacia, panadería, línea de taxis…) …, sus negocios adyacentes a la plaza e íconos tradicionales (putas, vikingos, al menos un loco…, policías, bichitos, algún que otro desentendido de cuanto esté ocurriendo a su alrededor y aspirantes a detective que, anhelantes de hacer daño…, de nada de esto pierden detalles).
           La plaza Bolívar de…, se encuentra al pié de una montaña o, más bien, el pié fue barrenado para tirar la extensa placa sobre cuyo concreto y baldosas coexisten las banquetas de madera, la estatua del general Bolívar, algunos árboles, entre estos, un apamate que al estar en flor se rodea de una llamativa y resbalosa alfombra púrpura que se va mudando de sus ramas al suelo. Con la plaza a sus pies, la montaña sigue subiendo, poblada de casas viejas e inclusive un edificio cuya entrada, como la entrada de dichas casas, da a la calle que uniéndose arriba, en el estacionamiento de la iglesia, rodea el pueblo desde cuya plaza Bolívar se ve una de las torres, antiguamente uno de los campanarios erguidos a lado y lado de la cruz impuesta sobre el umbral…,. La otra torre, desde la plaza, no puede ser vista, la tapa el edificio anteriormente referido.

          A mi pueblo, cuya plaza Bolívar da la espalda a la iglesia y viceversa, luego de haber soñado despierto, caminando…, llegué, dirigiéndome a la banqueta desde la que me hizo señas un amigo que, posteriormente, ahí mismo, me presentó a una pareja de amigos suyos, un hombre y una mujer de unos cincuenta años, quizá más. Al hombre, bajito y muy delgado, fácilmente, puedo describirlo como el doble de Yul Brynner, con el cuero cabelludo eficientemente rapado y afeitado, nariz perfilada, los ojos saltones, en fin, una fotografía viviente del difunto intérprete de Dimitri en esa pobre adaptación de Los hermanos Karamazov, co protagonista de los diez mandamientos. La esposa de este hombre a quien llamaremos Dimitri, a su esposa, no menos delgada y bajita, de rostro pálido, seco, pronunciados pómulos y la nariz redonda en la punta, de esas que junto a unos ojos muy grandes, cubiertos por los párpados, como dos medias lunas, marca una encantadora, hipnótica impresión…, digámosle Grushenka.
          Dimitri, Grushenka y mi amigo R…, me invitaron a participar en su reunión, la cual, poco menos que inmediatamente, vimos interrumpida por la endemoniada somnolencia de otro alcohólico en cuya rapaz mirada estaba el ron de mis amigos. No vale la pena que reproduzca su verborrea, tan solo diré que la declamaba en tanto veía fijamente la botella, desentendido del silencio con que intentábamos decirle cuan molesta nos resultaba su abusiva presencia. En tres ocasiones dio media vuelta para irse y, humorísticamente, a unos pasos de distancia, la repetía, regresaba para seguir intentado lo que, con profundo disgusto, se dio cuenta que no lograría.
-          No voy a darte un trago mano – dijo R…
-          ¡¿Cómo?! ¡¿Y por qué pués?! –
Tal pregunta dio por sentado que se trataba de un abusivo acostumbrado a llevar a cabo acciones tan viles y poco serias como la que a continuación refiero. Grushenka y Dimitri permanecían en silencio mientras aquel mal viviente amenazaba con darle a R… un balazo apenas volviese de buscar la pistola, no miento.
-          ¿Tiene una pistola? – preguntó R… dirigiéndose a mí.
-          Nah – le dije
          El borracho regresó vociferando que no había ido a buscar el arma pero lo haría de ser necesario. Dimitri y yo, como si lo hubiésemos practicado, empezamos a despedirlo con expresiones tales como: “No, no, no, mira…, está bueno ya…¡está bueno ya vale!, ¡dale pués!. Aquel idiota por fin se retiró a otro extremo de la plaza desde el cual señalaba con el dedo hacia donde seguíamos y decidimos seguir instalados. Ni Grushenka ni R… participaron de nuestra demanda de respeto; ella, por ser una mujer y R… por estar esperando únicamente la señal para lo que, por fortuna, no llegó a suceder, el diablo sabrá. La conversación fue retomada en comentarios acerca del terrible frío que hacía, cosas por el estilo. Sucedió entonces aquello por lo que anteriormente referí mi sueño. Había entre nosotros, rondándonos, una niña que inmediatamente llamó la atención de la brillante Grushenka, quien resultó ser abogada, funcionaria del consejo de protección al niño y el adolescente y en cuestión de minutos, haciendo un par de llamadas telefónicas, informó a, sabe Dios qué otro funcionario, del hallazgo que acababa de hacer.
-          ¡Es una menor de edad… me está diciendo que vive en la calle y que está esperando a alguien que ella dice que es su novio…le dije que lo llamara y le dijera que se viniera para acá inmediatamente porque quiero saber quién es… lo llamó desde mi celular…no sé si vaya a venir, trancó el teléfono de una vez…ok…ok, gracias…, cualquier cosa te llamo… vale, chao pués… gracias, chao. –
           Recuerdo perfectamente aquella última imagen de La naranja mecánica: un hombre violaba a una mujer en tanto un corro de personas vestidas de etiqueta aplaudían aquel espectáculo. Esto último me conduce a pensar en Kirilof, el suicida idealista de Los endemoniados, aquel que antes de abrasarse el cerebro con una bala dijo no creer en Dios ni estar dispuesto a vivir en un mundo, en una sociedad cuya estructura se basaba en la existencia de dicho ser superior e invisible, dejando por sentado que su decisión de quitarse la vida respondía al estímulo de “una idea”: cada hombre, según él, según su idea, es Dios y tiene la potestad de decidir qué es bueno y qué es malo; dicho planteamiento Dostoyevski vuelve a lanzarlo por medio de Ivan Karamzov, e igualmente lo rebate describiendo la demencia en que le sumen sus remordimientos luego del asesinato de su propio padre, del que fue éste (Ivan) el autor intelectual. Me doy a pensar en éstas cosas puesto que no hace mucho supe que la co estrella de una aclamada película Ítalo-americana (El último Tango en París) fue, premeditadamente, violada por el famoso, aclamado, premiado protagonista de la producción cuyo director, no hace mucho, frente a las cámaras de un set de grabación, más de cincuenta años después, dijo haberle indicado al actor que la violara usando la mantequilla que también figura en ésta escena. Desde entonces no hago más que pensar en la embriaguez de placer que me produjo El Padrino y otras películas perfectas en que nuestro famoso violador obtuvo un rol protagónico. Pienso en ello mientras hago inventario de todos los criterios de vida que pueden haberse afianzado en mí atreves de personajillos (endemoniados) como éste al que me refiero…, recuerdo, también, a La polla record, la voz de Evaristo taladrando mi cerebro y llenándole de la aversión que aún conservo hacia lo que, entonces, llamaba “sistema” y no era más que una palabra sin sustancia, algo vacío en que vertía mi frustración por medio de discursos aprendidos al caletre, de tanto escuchar la canción y al paso de los años preguntarme qué relación había entre la maravillosa música con que alguien reniega del sistema, ¿Cuál sería la relación entre el esputo al sistema y los envidiables honorarios generados por dicho esputo?. Ellos mismos, seguramente, se lo habrán preguntado y, presumo, por eso mismo habrán acabado con sus vidas a fuerza de drogas sobre dosificadas y terribles accidentes automovilísticos. Digo todo esto por aquello de lo que, al principio de mi narración, puse en conocimiento al lector: obsesiva y compulsivamente me dedico a éstas narraciones, quiero publicar, ser un autor publicado y esto mismo lo califico de lucha social; ¡Quiero ser una señal! Le digo a otros, quiero que alguien sepa que las drogas fueron mi prueba de fuego, que por el fuego fui probado y no perecí…, mas, quiero hacer dinero, quiero infraestructura, muebles y una nevera repleta de comida, no quiero al hambre, no quiero al frío de la noche que se ve pasar en los lóbregos rincones y a orillas de la carretera en que solo se respira una dificultad, no quiero ver la guerra en televisión y más que nada, quiero postponer cuanto sea posible la llegada de mi mala muerte a manos de algún genocida u homicida particular. No me abrasaré los sesos para demostrarle a nadie que el anhelo por las cosas de este mundo, el consumismo, es la batería de una legión de robots y únicamente muerto se deja de ser ambiguo, ¡no!, me mantendré de mal humor, hostil, impertérrito, ¡sobrio!, sea cual sea mi situación, mientras no consiga las cosas que quiero y, si llego a conseguirlas, cambiaré mi actitud, pagaré mis deudas y seré cordial con quienes solían no respetarme. En resumen, me deshago en interminables discursos que niegan la obscura y fanática existencia de un ser que, como Calígula, no sufre por los seres queridos que se han ido sino más bien por haber dejado de sufrir, como si nunca le hubiesen importado, un empedernido buscador del éxito que anhela ostentar delante de quienes hacen lo mismo.  Soy uno más que, descarnadamente, junto a los mercaderes, taxistas, policías, bichitos, artistas..., todos aquellos que indiferentes, entretenidos por ello, pudieron haber visto a una niña descontrolada rondando la plaza…, soy uno más que lucha en la pared, pugnando por derribar, por no ser derribado, quedando estupefacto ante el brillo de alguien que asciende y es tan auténtica la luz que le conduce al campo de girasoles que, inclusive, lleva consigo a alguien más.
-          Mira vamonós – dijo, con autoridad, Grushenka – Me llevo ésta niña pa la casa…no joda, qué arrechera vale…vente mami…si, ya vamos a comer –.
II


“Yo iba decí que más de una vez me lo habían preguntado, pero es mentira, nadie me ha preguntado nada, a nadie le importa ese peo…, más de una vez yo me he preguntado ¿qué hago yo aquí?. He visto pasá burda e’ vainas feas en este pueblo y todavía me trasnocho en esta casa que no es mía, viendo un televisor que no es mío y fumando cigarros que me compré con unos reales que tampoco eran míos. Lo que me respondo es que las vainas feas que he visto tenían una finalidad, un objetivo que no se alcanzó…, todo se hizo creyendo que me iba a drogar y que tarde o temprano me iban a jalar otra vez pal manicomio…, si vale, estuve encerrado burda de tiempo, por la locura y por las drogas, pero las drogas como que resultaban más importantes; tengo años que no me drogo y así mismo tengo años que no vuelvo pallá. Por eso, cuando me lo pregunto, me respondo que sigo aquí porque era una ladilla vivir corriendo y si ya no tengo que correr pues no corro…ni camino tanto…la respuesta que me doy es que, si ahora soy legal, porque lo soy, con las labores que desempeño, con las credenciales…, si ahora soy legal, pues no corro. Allá el que siempre fue “legal” y siempre “se fajó” y ahora que yo también lo soy tiene que seguí fajao…pensando y pensando en la forma de hacerme arrechar…de hacerme sentir como mi sobriedad le hace sentir a él…a ella… sonará perverso, mas, en dado caso, no es mi perversión; a alguien, perversamente, le indigna que no me drogue, lo considera ofensivo, le quema las entrañas la ira…, piensa que yo le causo ese dolor…y piensa en cómo devolvérmelo”.
          Ha de ser vieja esa redacción inconclusa. Una de las puntas de la hoja en que se halla escrita me saludaba entre las páginas de un libro cubierto de polvo y telarañas. Mucho tiempo, muchas madrugadas, he reciclado, exactamente, la misma reflexión, se ha vuelto un círculo vicioso. Mas, no veo motivos de preocupación, cada quien ha recibido lo que se merece. Y todos mis esfuerzos han rendido el más codiciados de cuantos frutos la humanidad se mata por cosechar: ¡No pueden ser negados!. En “la casa”, bien sea porque la habite o, por el contrario, me halle inmerso en alguna situación de calle y ascetismo…, como sea que fuere, nadie podría definirme sin ayuda de los papeles, las narraciones, los libretos y credenciales sobre las que me encuentro bien parado.  La primera vez que hice contacto con una sustancia ilícita lo hice por 1 MALA IMPRESIÓN, había algunas caras conocidas en aquel sitio y me sentí excluido del conocimiento de un mundo que esas caras conocían, pensé que había algo de maldad en los amigos que, fue la impresión que me dieron, no conocía tan bien. Como si hubiese estado caminando entre sombras mucho tiempo y ahora veía quienes eran y era intimidante saberlo, visualizar sus caras oyendo lo que uno les decía en otros tiempos y espacios a propósito de otras cosas que no tenían absolutamente nada que ver con aquello que se habían reservado para mi... fue tan rápido aquel pensamiento que tardé catorce años en descifrarlo, saber lo que pensé: Qué bolas, pensé y le pregunté a quien tenía la sustancia si podría convidarme de ésta. La explosión de la nota fue inesperada, incluso pensé y le dije a alguien que aquello no me había hecho nada. Fue una explosión, la recuerdo bien, mi visión se amplió, pero no del modo metafórico por medio del cual se le vende la droga a quienes no la han probado, sentí un peso sobre los hombros y sobre mi cabeza algo así como un casco caliente, era el peso de mi cuerpo del que en ese momento tuve una percepción más detallada, sentía el balanceo de mis brazos al caminar, el peso de mi cuerpo sostenido por mis piernas, alineándose con el piso a cada paso que daba, sintiendo el efecto de la gravedad, a ésta misma…,  por eso tú lo ves que se queda pegado, caminando, va viendo y oyendo cosas que están ahí pero nadie les pone atención, sus movimientos, los tiempos de su respiración, anexo a ello los pensamientos que lleva como si fuera un tren y fuesen esos pensamientos quienes decidieran si va a ir más rápido o más lento, hasta que oye una voz lejana que lo llama y luego de oírla durante un rato voltea como lo haría un astronauta en la luna y es el pana que lo estaba llamando desde hace rato…”¡¡¡¡¡Pegaooooo!!!!!!, ¡¡¡¡¡¡Pegadíiiiiiiin!!!!!”. Quedarse pegado en una nota significa pensar en algo y escuchar el alto volumen en que dicho pensamiento suena, escucharlo con atención y quedarse pegado, me di cuenta que en cualquier cosa que quisiera pensar había una reflexión que mi cerebro declamaba mientras yo lo escuchaba, me quedé pegado en esa nota. La dosis con la que se cuenta no es la primera ni la última; si se tiene la dosis y la disposición de consumirla, esa es la siguiente dosis; no ir por la siguiente dosis significa no consumir la que ya se cuadró, eso es lo que parece contradictorio pero, pensándolo bien ¿qué garantías hay de que luego de esa dosis, alguien, ¡por fin!, se deje de esa vaina tal y como lo acaba de decir…tal y como se pasa años diciendo? No hay, lo que hay es una dosis que, seguramente se volverá la imperante necesidad de la siguiente, así funciona esto...,.

La razón por la que, quince años después, me doy a narrar estos hechos, viene a ser, precisamente, el no estar ni un poquito descontento con absolutamente nada de lo acontecido en el transcurso de los tales. Nada de lo ocurrido resulta prescindible, lo que no me doy a narrar son hechos con los que podría pretender nulificar mis pasadas acciones, nada de eso. Tan solo acotaré que es delgada, invisible, la línea que separa el sano juicio del estado animal en que se han cometido, se cometen y cometerán los grandes crímenes de la historia humana. No obstante esto (los criminales: homicidas, genocidas, violadores, timadores, calumniadores), no obstante los tales ejecutores de la mala idea que en milésimas de segundo, como habiendo cruzado una línea prácticamente invisible, decidieron llevar a cabo, existen los provocadores. Resultan, estos últimos, tan enajenados como aquel o aquellos a quienes consiguen traer a su negro fango de odio y crímenes, por éste mismo realizados. Hállanse, los provocadores, en un estado animal que, bien sea solos o en manada, les pone al acecho de una víctima; es la identidad en cuyo porte, justo antes de cruzar la delgada línea, es la legal identidad de su víctima la que desesperadamente anhelan comerse en la bestial tertulia donde se discutan los detalles del paso de su víctima, su presa, atraves de la delgada línea que, prácticamente sin darse cuenta, cruzó hacia el mundo de quien, sin importar las semejanzas en rasgos físicos y documentos de identidad, pasó a ser alguien más que perdió la cabeza, el sano juicio, y pagó. Sobre una mesa en torno a la cual, de inmediato, congregóse una reunión de bestiales antropófagos, dejó, muerta, la identidad en cuyo porte le sería imposible continuar. Pasó a ser quien, desde su nuevo y entonces desconocido mundo, contempla, aturdido, la memoria que semejante a una bala, perfora sus más claros razonamientos, destruye al recién encarcelado, al recién ingresado a una institución para enfermos mentales, destrúyele su constante recreación de la vida que vivió hasta el preciso momento del cambio, el paso por la invisible frontera.
Muchísimas veces, al no soportar el tormentoso recuerdo del justo momento en que cruzó la frontera…, el mismo que no sabe cómo ni por qué dejar de recrear, enloquece aún más, volviéndose un entretenido espectáculo para quienes, igualmente, fueron advenedizos, pudiendo habérselo tomado con mayor serenidad o inclusive peor que el nuevo ingreso…, de cualquier manera llevan allí algo más de tiempo y experimentan el alivio de presenciar las fatales consecuencias de un comportamiento inadecuado a las normas de la institución, las mismas a las que, instintivamente, se han acostumbrado para no figurar…, para presenciar, desde las sombras (en público, mas, sin que a nadie le importe un comino su presencia), el nefasto resultado de un error ajeno. Acechan igualmente a recién llegados como a egresados. Ver salir a alguien implica, para los referidos, las sensación de haber sido mordidos en el estómago que sienten vacío en tanto son abrumados por la conciencia de seguir ahí, de no saber cuándo saldrán y, justo entonces, no tener ánimos de camaradería o tertulias referentes al advenedizo que se volvió loco. Solo una cosa puede reanimarlos: la mala fé en el retorno de quien va saliendo. Ésta última los divide en dos grupos: están aquellos que a mandíbula batiente dicen: “Ese vuelve…seh, ya tú vas a ver” y están, por ahí, quienes, disimuladamente, anhelan ver consumada la profecía de quienes no se callaron su dolor, su envidia. A criterio de los lectores dejo la clasificación entre el mejor y el peor envidioso. Quienes a la semana, el mes de haber salido, regresan, no requieren de otra cosa que su deteriorado aspecto físico para ser el alivio que alguien, alguien…, y alguien más necesitaban: “Ahora a empezar de cero” dicen “me falta menos a mí”.
Para concluir mi acotación, fundamentales resultan las dos tribus de envidiosos en conocimiento de los cuales ha sido puesto quien a todo lo anterior, a su lectura, se haya evocado. Definitivamente, los hospitales, comparados con la prisión venezolana y el cementerio al que conduce una mala muerte…, definitivamente son los hospitales el mejor destino al que pudiese arribar quien cruza la invisible frontera, quien, luego de ser asediado, resultáse despedazado por las hienas (los envidiosos) que, fuera de las instituciones, lucen normales, inofensivas, si se quiere, son gente; trabajan, estudian, asisten a iglesias, grupos de alcohólicos, narcóticos…  anónimos y perteneciendo a una tribu de hienas pasivas, festejan la labor realizada por la tribu agresiva.
Innumerables resultan las malas experiencias que al paso de estos años he venido archivando en mi memoria. Historias referentes a la territorialidad de quienes no desean ver advenedizos en el pueblo del que se volvieron estampas pegadas en las paredes, pegados locales que, años atrás, sintieron el alivio de saber que alguien había sido encerrado, que se había perdido en un mundo del que se suponía, no debía regresar; su alivio consistía, todavía hoy consiste en toda la atención que se dirige hacia la identidad que perfectamente tapaba un alcoholismo, una drogadicción, una mala maña que al mala mañoso no le sería señalada cuando estuviese platicando acerca del encerrado. Cual si de un manicomio pueblo se tratase, mas, no se festeja la llegada sino la expulsión de quien al llegar y quedarse proyecta un cambio, el mismo que derriba el velo con el que se cubrían quienes en nada evolucionaron, ello, verse…, ello los encoleriza y empieza la pugna, el murmullo, los gritos, las amenazas, la burla, los sonidos de hienas. Tan solo esto acotaré a propósito de muchas maldades cuyos autores son también sus apasionados narradores.     

Tal aclaratoria es mi preámbulo al diálogo que, meses, después, sostuve con Grushenka. Haré cuanto me sea posible por brindar al lector lo que más similar a una fidedigna transcripción, lo que más parecido a ésta resulte ser.
-          ¡Chamo, si te he pensado! –
-          ¿En serio? –
-          ¡Si!, tú no te imaginas las cosas que te voy a contar –
-          Ah bueno, cuéntame –
-          Bueno… chamo, primero que nada… tengo que decírtelo… yo esto no lo hablo con nadie que no me parezca… ¿serio?, ajá…, serio… a mí me parece que tú eres un hombre serio…que te puedo contar una vaina así de arrecha y al hacerlo… no sé lo que esté haciendo, pero no puede ser nada malo…¡¿Entiendes?!, osea…que yo pienso que al decírtelo, no sé por qué, pero estoy haciendo algo bueno… -
-          Mmmm, ok –
-          ¡Ja!, te sonrojas – declaró Grushenka – ta bien, te estoy halagando, pero escucha… ¿te acuerdas en la plaza… cuando te dije que soy abogada, que me saliste con tu lírica pretenciosa de que yo como abogada tenía, ¡obligatoriamente!, que haber leído Los hermanos Karamazov, por aquello de “el error judicial”…¡¿Te acuerdas?!...claro que te acuerdas…y también te acuerdas…, coño, tú hablas muy rápido chamo, porque fueron minutos los que se tardó en aparecer aquel hombre horrible…si, el bailarín de ballet, que daba media vuelta con mucha gracia y estilo…también…te tienes que acordar…hablaste de un tal Sabato, que dice que la literatura rusa tiene ese poder hipnótico en muchas mentes latinoamericanas… -
-          Si, él se refería a los movimientos anarquistas…-
-          Ajá… pero ¿si yo te contara acerca de alguien que resultó influenciado por una obra específica de Dostoyevski y por esa misma influencia se definieron una serie de causas y azares en su vida? –
-          ¿Cuál obra? – pregunté, como embriagado de curiosidad.
-          Humillados y ofendidos … escucha con atención…alguien en éste país latinoamericano se leyó esa novela y le tuvo envidia al protagonista… -
-          A Vania –
-          Si Vania es el protagonista, si, le tuvo envidia a Vania… porque Vania se llevó pa su casa una niña que estaba en situación de calle…-
-          Elena-
-          Ok, yo no sé los nombres. Te cuento todo esto porque me parece insólito… la persona de la que te hablo… ya va… ¿te acuerdas de…?, la niña que me llevé pa la casa…, bueno, escucha esto. Los trámites que yo hice en el consejo de protección…, fueron para llevarla a una casa hogar, pero ella, en cuestión de días, se escapó y andaba en la misma, hasta que se consiguió con el personaje…, un tipo que la llevó a unas reuniones, a un culto, no estoy muy segura. Lo cierto es que la lleva pallá…, la locura de lo que te voy a contar consiste en que él se la lleva para su casa porque había sentido envidia del protagonista de Humillados y ofendidos; “Yo nunca he ayudado a nadie como éste hombre ayudó a esa niña”, se había dicho a lo largo de su lectura de la dichosa novela…y al darle albergue a ésta muchachita lo hizo como interpretando al personaje que tanto admiraba, o al que tanta envidia le tenía…es lo mismo ¿verdad?, bueno…., el cuento acaba en que la muchacha se le ofrece a un coño e madre de los que van para ese culto, esa reunión…no sé qué es propiamente…, ella, loca, se le ofrece, pero antes de irse con el tipo tenía que decirle una mentira a éste otro muchacho porque tenía el bolso en su casa… le dijo que el otro y que tenía una habitación en la que ella podía quedarse esa noche porque y que iban a cuadrar algo referente a una bolsa clap…, el otro, inmediatamente, pilla la mentira y se puso como la grana, le dijo que fuera inmediatamente a buscar su bolso y que por allá no se le ocurriera volver… la muchacha, finalmente, se va con el otro, que lo que quería era… ajá, tú sabes…si, al día siguiente, chao…, . Bueno, éste muchacho se entera de eso una semana después…porque seguía la presencia fantasmal de Vania en su cabeza…si mi amor, una semana después la volvió a llevar pa que durmiera allá y la pilla, otra vez, en la mentira, cuando ella le empieza a hablar del otro tipo. Porque él había decido no hablar de eso, dejarla quieta, no decirle nada…nada, que la carajita le empieza a nombrar al tipo a decirle que eso es un caballero, que se había quedado en una habitación ella sola y él en otro lado…, osea, lo que te quiero decir es que eso que le estaba diciendo a Vania, ella se puso de acuerdo con el tipo para decirlo…, pero Vania no se creyó nada de lo que ella le estaba diciendo y se indignó todavía más porque aparte de aquello que él había querido dejar colar asumiendo que no era asunto de él, lo cual es mentira que no le va a molestar, ¿sabes?, yo soy mujer pero nada me cuesta pensarlo igualito como si fuera un hombre, osea: “Te estoy brindando mi casa, te estoy dando de comer, donde dormir…¿y me vas a mentir para irte con un tipo mientras yo te cuido tu bolso?” …, de bolas que tiene que haberse molestado…entonces, de paso, la vuelve a llevar y ella lo primerito que hace es empezar a decirle una mentira que, evidentemente, estaba hablada con el otro tipo. Se vuelve a arrechar el Latin-Vania y se lo dice pues, que si qué bolas, que aquello era demasiado evidente, que ella era una falta de respeto…, eso fue en la noche, él no la iba a correr de noche…pero por la mañana retomó el tema…entonces por lo que sabe de la niña le pregunta “¿Y le salió gratis o le cobraste?”…”Me dio tanto” le dice ella…, y la vaina se pone cada vez más espeluznante ¿sabes?. El muchacho entró en una cólera ciega. Lo primero que hace es decirle a ella que se largue, ya pues, definitivamente, ¡fuera!..., y lo que le detona el odio profundo hacia el otro tipo es la cantidad de dinero tan absurda que ella misma le dijo que le había dado…claro mi amor, ¿no estás oyendo que el sigue poseído por ese fantasma ruso?. Lo único que él puede ver ahí es un abuso pues… la carajita es lenta, se las dará de mala pero es lenta y a no ser que el tipo le gustara en verdad y esa cantidad tan absurda de dinero, al día siguiente, fuese algo así como…, no sé…, si, en verdad no se puede ver sino como un abuso pues…entonces éste muchacho, ajeno al prejuicio que inmediatamente se detona hacia la carajita, que si fue ella la que se le ofreció al otro, que tal y qué se yo…, ajeno a toda esa vaina, él va pensando es en “el abuso”, y al llegar allá se lo dice a otra muchacha que también asiste a ese culto… la muchacha se ha reído…pero es-pon-tá-nea-men-te mi amor, se agarró su abdomen y se dobló de risa, “Muy propio de fulano” le dice a éste muchacho…, claro, ella al ver que la cagó…claro, no solo queda en evidencia que la vaina le parece divertida, si, tipo proxeneta femenina, amiga íntima del tipo…no chico, del otro, del abusador jajaja…, bueno, ella pilla que la cagó…ya, es un hecho, la cagué…, entonces cuando el muchacho, al día siguiente, le dice: “Chama, tú deberías sincerarte con esa carajita y decirle que no puedes ayudarla… porque una vaina tan monstruosa como la que te conté…a ti te dio fue risa”…, bueno mi amor, con esto te termino el cuento…la cagada…, la muchacha, que ya habría practicado mil veces aquella respuesta, se la tiró en la cara en altos decibeles: “¡Yo me reí fue de ti…porque eso lo inventaste tú…, ellos me dijeron que eso es mentira y yo les creo a ellos, a ti no te creo…   porque tú lo que estás es celoso –
-          Mierda – dije al fin
-          Humjú… el tipo quedó ciego de la ira y le metió un coñazo por la cara…, listo, preso e’ bolas,  y ¿tú sabes quién me contó absolutamente todo lo que te acabo de contar? Incluyendo lo de Dostoyevski, porque el mismo Vania latino se lo dijo… la carajita…cagada de la risa contándome esa vaina, si, lo jodimos y tal jajaja…,. Osea, yo no te voy a decir que no le tengo cariño a la carajita, y ella me cuenta la vaina es por la confianza y el cariño que ella también me tiene…y finalmente, lo que le pasó a ese muchacho fue una decisión muy suya, en todo sentido…el capricho de interpretar a Vania y la falta de vida propia que te conduce a un sitio donde dejas tu vida, tu libertad plena la dejas pegada en la cara de una tipa rata, mal intencionada pues…osea, por todos lados me parece que el trastornado es él. Pero me interesaba decírtelo porque es algo que, me parece a mí, confirma esas teorías de las que nos hablaste aquella vez, de esa influencia prácticamente hipnótica, psíquica, de los rusos en el modo que los latinoamericanos tenemos de ver nuestra realidad…osea, la novela puede ser bella, conmovedora…pero no te puedes llevar una loquita pa tu casa sin saber qué carrizo es lo que vas a hacer para ayudarla…¿simplemente tenerla ahí, comiendo y conectada al face book?... no es la misma realidad social. Yo estoy convencida de que ese muchacho, ahorita mismo, ¡preso!, tiene que estar plenamente seguro de que se trataba de una realidad…que hubiera espantado a Dostoyevski… -
-          No vale – prorrumpí en una carcajada que no duró mucho, mas, no dejó de oírse y resultar contagiosa para Grushenka – Que le hubiese parecido fascinante te creo, pero que le hubiese asustado…nah – hice una pausa para reflexionar sobre algunas cosas – No joda – concluí…, eso fue una historia…-
-          ¿De Dostoyevski? –
-          Coño… no… eso es una historia…sacada del infierno –
 Dios me perdone, nos doblamos al empezar a reírnos convulsivamente.