CAMILO
Emiliano Trujillo Sánchez
Un relato muy a propósito de la fantásticamente ridícula propuesta que el imperialismo norteamericano le ha hecho a quién sabe qué agachones, aquí: la de convertir a Venezuela en EL ESTADO 51...hay que recabar evidencias de que tales delirios han sido expuestos por quienes los padecen. No hay que ser un genio para saber que tan hegemónica ridiculez, si es posible, será negada.
Sucedió alguna vez que, alzando la vista, divisase en la nocturna cúpula celeste dos puntos de luz – a mi parecer: dos estrellas – bastante próximos el uno al otro. Sucedió entonces que uno de los puntos – enfatizo el que se trate de un parecer ya que sin el adecuado equipo astronómico y las debidas nociones de interpretación de lo que un sofisticado telescopio puede registrar, cualquier especificación se torna en charlatanería –, uno de los gemelos desapareció.
Hecho curioso: tornó a moverse justo antes de desaparecer.
Afirma la ciencia – quienes viven de aplicarla – que cualquier cosa venida o sencillamente divisada desde aquí, su aproximación al punto en que se torna visible, tarda lo que aquí hasta un neófito puede calificar como: numerosas vidas humanas: ¡miles de años!. La luz de una estrella tarda miles de años en hacerse, aquí, visible. De modo que, así como un fulgor, la desaparición de este, suponiendo que se trate de la muerte de una estrella, es también una muerte antigua.
Sin la menor vacilación precipité la mirada hasta el piso. Tales reflexiones me distraían de "importantes futilidades": rencores, intrigas, intrincadas teorías de la conspiración; temí perder el hilo de las mediocridades, la fétida ciénaga en que tanto gusto me da revolcarme. No obstante esto, los marcos de contemplación que mi cautiverio, por un descuido, acababa de ofrecerme, proyectaron – proyecté – recuerdos de una época en que no perderme siquiera un episodio de un exitoso serial norteamericano era, para mi mente ya obsesiva, una importante referencia cultural. Veía, religiosamente, de niño, los X - Files, queda dicho.
A Rigual, dado su categórico rechazo a cualquier sintonía proveniente de maquinaria gringa, ocurriósele intervenir en mis disertaciones acerca de lo que habría sido de la hermana menor del agente especial Fox Mulder, presuntamente abducida por alienígenas... tuvo y ejecutó su idea de hablarme acerca de Camilo. Pese a mi corta edad (nos hallábamos en medio de aquellos años 90, donde y cuando quienes habían nacido en los 60's, los 70's, eran jóvenes...menudo chiste para nuestro tiempo. Yo, por el contrario, vine a este mundo a mediados de la década anterior; no tenía edad para abrir una cuenta de facebook, digo), pese a mi corta edad, sé que no dijo, entonces, su nombre. Sin creer en ello mencionó "al amigo que vivía en Los Helechos – un conjunto residencial de cinco altas torres alzadas entre las montañas que las amurallaban, siendo una de estas montañas aquella por cuya falda serpentea la carretera de Pacheco.
Enmarcada en cualquiera de las caras que, desde esa cara de la torre, ofreciese dominio de tal perspectiva, la montaña, de noche, se presenta como una portentosa, negra muralla, surcada en medio por las luces de los automóviles. Lo alto de la negra muralla recorta la cúpula celeste cual si este fuese un lienzo plateado y a través de dicho lienzo, sobre la montaña y en los mismos sentidos de los automóviles que por cuyas luces podían ser vistos ir y venir por la carretera, "el amigo" (Camilo) decía que pasaban los ovnis.
Rigual, bien lo sé, nunca creyó eso. Presumo que lo mencionó con miras a ofrecer una visión nacional de lo que, aunado a lo absurdo, debía considerar como una doctrina invasiva.
De Camilo supe el nombre puesto que la venta de aquel apartamento, la adquisición del terreno y la construcción de la casa que, sobre este, se alzó, todo esto por él mismo fué orquestado y rememorado por quienes, en dicha casa me lo hicieron saber, no sin que antes conviniéramos en que "el observador de ovnis" era quien yo infería.
Lamentable o afortunadamente, los lugares, personas y situaciones que me pusieron al corriente de los hechos aquí referidos, pertenecen a la memoria que suele mantener mi vista clavada en el piso, abismada. Sin embargo me siento afortunado de saber que los artistas pop, así como los aliens de películas y series norteamericanas, sólo distraen a la gente de los verdaderos problemas sociales. No suelo preguntarme si existe o no vida inteligente más allá de nuestra atmósfera. Mas, bien seguro me hallo que de haber alguien ahí, su ingerencia en la cadena de asuntos humanos, ¡por favor!, debe ir más allá del área 51.
Emiliano Trujillo Sánchez
10 de Junio de 2021


